Paco de Lucía (Algeciras, 1947-2014), que no necesita presentación, obsequió al mundo, en 1990, el disco Zyriab, en honor al padre de la música de Al-Ándalus, Abu l-Hasan Ali ibn Nafi (777), polímata, poeta y músico nacido en Bagdad, quien fundó el conservatorio de música en la Córdoba califal y quien, por su educación musical y artística, se convirtió en un personaje influyente en la corte de Abd al-Rahman II, en el entonces establecido Emirato de Córdoba. Se le conoció como Zyriab, que en persa significa mirlo, por su piel oscura, voz clara y carácter dulce.
El mirlo, que parece haber nacido al norte de Irak, se hizo popular en Bagdad, importante centro cultural y musical de la época, junto al músico Ibrahim al-Mausili, y de allí migró a Siria, luego a Túnez y finalmente a Córdoba, en donde la corte de Abderramán II le asignó un sueldo de doscientos dinares a cambio de sus servicios musicales, protocolarios, de etiqueta, buenas costumbres y moda, los cuales eran de carácter exquisito e innovador para la época.
Por su legado en la Andalucía medieval y la herencia musical andalusí árabe-flamenca, el virtuoso guitarrista español Paco de Lucía le dedicó el disco de flamenco contemporáneo que lleva el calificativo farsi; un conjunto de bulerías (corazón palpitante de festejo), tarantas (cante fundamental de los cantes mineros de Almería), rumba y fandangos que son un regalo inimaginable para el oído, el corazón y la mente, en el que participa, además, un elenco de nivel virtuoso: Manolo Sanlúcar, Potito, Pepe de Lucía, Carlos Benavent, Jorge Pardo, Chick Corea, Tino Di Geraldo, Rubem Dantas y Ramón Porrina.
Zyriab, la quinta canción de compás flamenco —el álbum tiene ocho piezas—, posee una percusión que la acerca al jazz y una hermosa ornamentación árabe, con guitarras de picado rápido y preciso que parecen cantar; un homenaje que le llegará al pájaro negro a la dimensión en la que esté descansando, sea junto al profeta Mahoma, si fue musulmán (al parecer sí), o junto a Ahura Mazda, si perteneció a las comunidades mazdeístas farsis (zoroastrismo).
No he llegado tarde a la fiesta de Paco de Lucía; lo tenía olvidado y lo he recuperado en una época en la que el mundo parece de ficción y se necesita elevar aún más la conciencia para no ser arrastrado junto al fango político que desconoce la condición elevada, plural, politeísta, panteísta, naturalista, compasiva, fraterna, benevolente y creativa del ser humano, la cual florece en el encuentro de las culturas y en el intercambio genuino de creencias y tradiciones.