Historia del Arzobispo de Barcelona – La Voz del Altiplano
06 de marzo de 2026 • 07:00

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Cada 6 de marzo, el santoral católico celebra la festividad de San Olegario, quien fuera obispo de Barcelona y arzobispo de Tarragona durante el siglo XII. Su reconocimiento como santo responde a una vida dedicada a la reforma institucional, la pacificación de territorios en conflicto y la reconstrucción espiritual y física de las sedes episcopales tras los periodos de ocupación musulmana en la península ibérica.

La fecha de su celebración coincide con el aniversario de su fallecimiento, ocurrido en el año 1137, consolidando su legado como uno de los prelados más influyentes de la Corona de Aragón.

Origen y ascenso en la jerarquía eclesiástica

Olegario Bonestruga nació en 1060 en Barcelona, en el seno de una familia de la nobleza local. Desde temprana edad, recibió una educación sólida en la catedral de Barcelona, destacando por su capacidad intelectual y su inclinación hacia la vida ascética. Su carrera religiosa comenzó como canónigo de la catedral, pero pronto se unió a los canónigos de San Agustín, una orden que enfatizaba la vida comunitaria y la disciplina, elementos que marcarían su filosofía administrativa y espiritual a lo largo de su vida.

En el año 1116San Olegario fue nombrado obispo de Barcelona por el papa Pascual II. A pesar de su inicial reticencia por motivos de humildad, Olegario aceptó el cargo y comenzó una labor de reordenamiento diocesano

Dos años más tarde, en 1118, su responsabilidad aumentó significativamente al ser nombrado arzobispo de Tarragona, con el encargo de restaurar la antigua sede metropolitana. San Olegario lideró el proceso de repoblación y defensa, convirtiéndose en el arquitecto de la nueva organización eclesiástica del noreste peninsular.

Filosofía de reforma y diplomacia internacional

La obra de San Olegario estuvo profundamente influenciada por la Reforma Gregoriana, un movimiento que buscaba la independencia de la Iglesia frente a las injerencias de los señores feudales y la erradicación de prácticas como la simonía (compra de cargos eclesiásticos). Su filosofía se centraba en la integridad moral del clero y la protección de los bienes de la Iglesia para garantizar su labor social y educativa.

A nivel internacional, su prestigio lo llevó a participar en los foros más importantes de la cristiandad. Estuvo presente en el Concilio de Reims (1119) y en el Primer Concilio de Letrán (1123), este último considerado el primer concilio ecuménico celebrado en Occidente. En estos encuentros,  San Olegario defendió la autoridad del papado y colaboró en la redacción de cánones que definieron la disciplina eclesiástica para los siglos venideros.

Además de su labor legislativa, San Olegario destacó por su faceta de pacificador. En un contexto de guerras constantes, promovió la «Paz y Tregua de Dios», una iniciativa que buscaba limitar los días de combate y proteger a los civiles y campesinos de la violencia señorial.

Legado, fallecimiento y canonización

San Olegario falleció el 6 de marzo de 1137 en Barcelona, tras haber dedicado sus últimos años a consolidar las estructuras que él mismo había ayudado a reconstruir. Su muerte fue sentida por todas las capas de la sociedad, desde la nobleza hasta los estamentos más humildes. Su cuerpo fue trasladado a la Catedral de Barcelona, donde actualmente reposa en una urna de cristal en la capilla que lleva su nombre. Se documenta que su cuerpo permanece incorrupto, un hecho que alimentó la devoción popular durante siglos.

A pesar de que su culto comenzó casi inmediatamente después de su muerte, la canonización oficial no llegó hasta el 25 de mayo de 1675, bajo el pontificado de Clemente X. El proceso reconoció las virtudes heroicas de San Olegario, su defensa de la fe y su papel determinante en la reconstrucción de la Iglesia en España. Su legado se mantiene vivo no solo en la liturgia, sino en la historiografía medieval, que lo reconoce como uno de los grandes estadistas de su tiempo.

Hoy en día, San Olegario es recordado como el patrón de quienes buscan la reconciliación y el orden en tiempos de crisis. 

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