El dolor invisible exige humanidad y responsabilidad – La Voz del Altiplano

La salud pública en Ecuador se debate entre cifras, presupuestos y trámites: el dolor humano no entiende de burocracia. Hay enfermedades que no se ven a simple vista y, sin embargo, desgarran por dentro. Frente a ese sufrimiento existen medicamentos que no son un lujo ni un privilegio, sino una necesidad ética y médica. Entre ellos, la morfina y otros opioides son pilares fundamentales para el tratamiento del dolor severo.

La morfina es el estándar mundial para tratar el dolor intenso. Se utiliza en pacientes con cáncer, en postoperatorios complejos, en traumatismos graves y en cuidados paliativos. Cuando un paciente enfrenta una cirugía mayor o una enfermedad terminal, la ausencia de este fármaco no es un simple problema logístico: es una forma silenciosa de abandono que erosiona la dignidad humana.

Los opioides —grupo farmacológico al que pertenece la morfina— actúan bloqueando la señal del dolor en el sistema nervioso. Medicamentos como el fentanilo o el tramadol cumplen funciones similares en distintos contextos clínicos y permiten ajustar el tratamiento según la necesidad de cada paciente. Administrados bajo supervisión médica y protocolos claros, garantizan calidad de vida y alivio real.

El problema es su falta de previsión, su escasez o su mala gestión. En un hospital de especialidades, como el de Portoviejo, estos fármacos no pueden depender de trámites tardíos, compras emergentes o decisiones improvisadas. El dolor severo no espera resoluciones administrativas ni discusiones presupuestarias interminables.

Existe un discurso que, por temor al abuso registrado en otros países, tiende a estigmatizar los opioides. Pero nuestra realidad hospitalaria no es de exceso, sino de carencia. Y la carencia en salud tiene consecuencias humanas directas: sufrimiento innecesario, angustia familiar y pérdida de confianza en el sistema sanitario.

Los pacientes oncológicos, adultos mayores o víctimas de accidentes enfrentan dolor evitable por falta de abastecimiento. La disponibilidad de morfina y otros opioides no es un favor institucional; es una obligación básica y permanente. El derecho a la salud ya está reconocido. No se necesitan nuevas leyes para comprender que aliviar el dolor es un deber moral y profesional.

El Hospital de Especialidades de Portoviejo debe estar preparado para lo complejo, lo grave y lo urgente. Y en ese escenario, la morfina no es opcional. Porque el dolor puede ser invisible para todos, pero la indiferencia institucional se siente y deja huella.

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