La convocatoria que realiza Estados Unidos a una decena de países latinoamericanos para unirse a una campaña en contra de los grupos de delincuencia organizada, llamada Escudo de las Américas, abre una esperanza en esta lucha histórica.
Las bandas organizadas, financiadas por el narcotráfico, están destruyendo los países. No es un problema aislado en Ecuador. El mal se ha esparcido por casi todo el continente y es necesaria una unión bajo un liderazgo fuerte, como el que ejerce actualmente Estados Unidos, para combatirlas de manera coordinada y eficiente.
Un trabajo coordinado de esta naturaleza de ninguna manera debe considerarse intervencionismo internacional ni mucho menos una pérdida de soberanía. Hay que entender que las mafias son organizaciones que van más allá de las fronteras y que un país solo, por más potencia que sea, no puede combatirlas eficientemente sin la ayuda de las otras naciones donde operan.
Es correcto que Ecuador acepte esta convocatoria internacional y se una a este propósito.