Las mujeres tenemos esa dualidad de ser fuertes y sensibles sobre una misma situación, en la vida diaria, y en todas nuestras facetas; y somos, en la gran mayoría unas líderes innatas. Lamentablemente, hay muchas que enfrentan una sumisión forzada como si vivieran dos siglos atrás.
«No seré una mujer libre mientras siga habiendo mujeres sometidas, incluso cuando sus cadenas sean muy diferentes a las mías», palabras de Audre Lorde, poeta y luchadora de los derechos de las mujeres. Una frase que se enlaza a la realidad de millones de mujeres en el mundo, que en pleno siglo XXI siguen siendo sometidas y maltratadas, tal es el caso de Irán y Afganistán y muchas en nuestro país donde el agravio es a puerta cerrada.
Para recordar esas luchas está el 8 de marzo, día que además nos permite recordar que el protagonismo femenino no nace solo en los momentos épicos, sino en los gestos cotidianos que mantienen vivo el espíritu de resistencia y esperanza. Celebramos a las pioneras, sí, pero sobre todo celebramos a las mujeres que, sin ruido, siguen moviendo al Ecuador hacia un futuro más justo.
Cada Día de la Mujer es una invitación a mirar con atención la fuerza silenciosa que sostiene a nuestras comunidades. En Ecuador, la historia está marcada por mujeres que han abierto caminos por ellas y por aquellas que, sin ocupar portadas ni recibir homenajes, transforman el país desde lo cotidiano.
Nuestro país ha sido escenario de grandes gestas femeninas. Matilde Hidalgo, por ejemplo, desafió las reglas de su época para convertirse en la primera mujer en ejercer el voto en América Latina, abriendo así las puertas de la participación política a miles de ecuatorianas que vendrían después. Otra, como Hermelinda Urvina, se atrevió a aspirar más alto al
convertirse en la primera mujer piloto ecuatoriana y sudamericana, inspirando a generaciones con su valentía. Aunque muchos desconozcan su nombre en la actualidad.
Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña dedicaron su vida a la defensa de los derechos indígenas, la educación bilingüe y la justicia social. Y cómo no recordar a Nela Martínez, escritora y política, que se convirtió en la primera mujer en ocupar un curul en el Congreso Nacional y cuya voz impulsó varias causas.
Junto a ellas, están las heroínas silenciosas: las madres que sostienen hogares enteros, las trabajadoras que madrugan para levantar al país, las lideresas comunitarias, profesionales, emprendedoras, voluntarias y profesoras que cuidan, organizan y enseñan sin esperar reconocimiento. Ellas son soporte de la familia y la sociedad.