Una Excusa Común para la Resignación Social – La Voz del Altiplano

Hay frases que revelan más que un plan de gobierno. En una entrevista, Agustín Casanova afirmó: «El problema de Manabí es el chauvinismo. Portoviejo, que hoy no tiene industria, ni un sistema comercial consolidado, ¿para qué necesita un aeropuerto si lo tienen a treinta minutos?»La palabra elegida no es casual. Chauvinismo implica fanatismo irracional, orgullo exagerado sin fundamento. Es descalificar una aspiración reduciéndola a emoción desbordada.Cuando se afirma que una ciudad sin suficiente industria no necesita aeropuerto, se invierte el orden del desarrollo. La infraestructura no siempre es consecuencia del crecimiento; muchas veces es su condición previa. «Ninguna ciudad despega esperando a que primero llegue la industria para luego pensar en conectividad». La conectividad es parte del ecosistema que permite atraer inversión.El argumento de los «treinta minutos» parece práctico, pero es profundamente conformista. Bajo esa lógica, toda ciudad intermedia debería renunciar a infraestructura propia si otra la tiene relativamente cerca. La autonomía territorial no se mide en minutos de carretera, sino en capacidad estratégica.Lo más preocupante no es la postura técnica. Es el marco mental que la sostiene. Si el orgullo local es etiquetado como chauvinismo, entonces cualquier defensa de categoría, de historia o de posicionamiento puede ser presentada como irracional.Portoviejo no es un barrio periférico de otra ciudad. Es capital provincial. Tiene historia, identidad y función administrativa clara. Defender su infraestructura no es capricho; es parte de su rol territorial.Esta frase conecta con algo más amplio: un modelo que prioriza eficiencia financiera sobre ambición estratégica. Todo debe justificarse en rentabilidad inmediata. Todo debe pasar por el filtro del déficit. Todo debe ser racionalizado.Agustín Casanova Cedeño proyectó planes hasta 2035, como si la ciudad pudiera extender su administración más allá de los períodos democráticos. Planificar a largo plazo es saludable, pero sin tocar el aeropuerto. Las ciudades no son proyectos personales ni marcas políticas.

Una ciudad capital como Portoviejo no puede depender siempre en función de otra. No se trata de chauvinismo. Se trata de dignidad estratégica.

La pregunta no es si Portoviejo necesita un aeropuerto hoy. La pregunta es si Portoviejo debe resignarse a no aspirar o a tenerlo mañana mismo.Porque el desarrollo no nace del conformismo. Nace de la convicción de que una ciudad puede y debe aspirar a más.

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