Wabi-sabi, Ghibli e Ikigai – La Voz del Altiplano

A diario estamos expuestos a una serie de estímulos visuales, auditivos, táctiles, olfativos, gustativos; podríamos hablar de que la vida moderna consiste en una especie de saturación -de objetos y necesidades-, que impide que apreciemos lo simple y valoremos en exceso lo esencial visible. Experimentamos a cada momento una especie de ansiedad por satisfacer el placer momentáneo, que se refleja, por ejemplo, en el consumismo, para apaciguar la necesidad del exceso. Diríamos en el sentido no estricto del concepto, un hedonismo que se fundamenta en la estética visual contemporánea y que, como su criterio indica, busca el placer como parámetro de decisión.  

Bien, esto puede obnubilar la visión de lo simple, de la calma, del estado de paz, de la claridad.  La atención se ha desordenado y se diría que encontrar estética en lo simple hoy es una forma de resistencia, pues el sistema exige productividad, materialidad, rapidez y distracción. 

Entonces, me gustaría recordar algunas filosofías que encaminan a valorar lo invisible. 

El wabi-sabi (Japón), cosmovisión que ve la belleza en lo imperfecto, simple y transitorio e invita a percibir la cotidianidad con simplicidad, humildad, conforme avanza la madurez; entonces,  la grieta tiene historia y valor, la ausencia tiene significado, lo orgánico es auténtico y en lo emocional se reconoce la importancia de aceptar ciclos y soltar el control. 

Tenemos también la cultura Ghibli, asimismo de Japón,  que tiene como protagonista la naturaleza: conexión con los bosques, el agua y el viento y en lo humano comprender la vulnerabilidad, el errar y el proceso. 

Luego, podemos abrazar el pensamiento Ikigai, del mismo país nipón, que motiva a buscar la razón de vida y el balance entre lo que se ama y lo que el mundo necesita y vivir con sentido a diario. 

Estamos saturados y cuando la complejidad agota, nada se siente suficiente y cargamos con más peso del que corresponde,  por ello retornar a lo simple permite sentirse presente y filtrar el ruido emocional y disfrutar de una mayor conexión espiritual y con la esencia que nos creó. Todos buscamos paz, pero para ello el pensamiento y acciones deben estar alineados al propósito de habitar la vida. En lo simple no hay vacío ni carencia, antes bien descanso, calma y claridad.

Le invito a revisar estos pensamientos interesantes que ayudan a establecer límites en cuanto a qué permitimos que ingrese a nuestra vida y nos sacan del modo automático, a la par nos enseñan a resolver problemas con la simpleza de la descomposición.    

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