HABLEMOS DE LA TELE. Democracia y antidemocracia

Los medios de comunicación -y la televisión- o las redes sociales y plataformas digitales, tampoco se pueden enorgullecer de ser verdaderamente democráticos. Desde luego, en su mayoría, son propiedad de grupos económicos, grandes empresas y transnacionales.

José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 22/09/2026. Para la civilización griega -desde Platón y Aristóteles- la democracia se define (etimológicamente, al menos) como el gobierno del pueblo. Pero difícilmente encontramos hoy en el siglo XXI algún país donde realmente gobierne un pueblo. No basta, como se repite hasta la saciedad, con el estado de derecho, la separación de los poderes del Estado ni la existencia de partidos políticos para que una nación pueda vanagloriarse de estar gobernada en democracia.

Tras la dictadura civil militar en Chile, se recuperaron algunas características de un gobierno “representativo”, pero nadie en su sano juicio puede decir hoy en día que vivimos en democracia. Basta una mirada a la aplicación de justicia, a la salud, la educación, la vivienda, los derechos sociales y el derecho a la comunicación para advertir desigualdades, prejuicios, clasismo, xenofobia y otras dificultades para una convivencia realmente democrática.

Los medios de comunicación -y la televisión- o las redes sociales y plataformas digitales, tampoco se pueden enorgullecer de ser verdaderamente democráticos. Desde luego, en su mayoría, son propiedad de grupos económicos, grandes empresas y transnacionales.

Entre los derechos sociales básicos para un ciudadano que vive en democracia, debería recibir ingresos acordes a sus necesidades, tener una serie de oportunidades de trabajo o empleo, de una vivienda digna, de salud y educación pública gratuitas. Son antidemocráticas las diferencias sociales, económicas, la desigualdad ante la justicia, la educación, la vivienda, la salud y la previsión social

Naturalmente que la televisión -como una industria en el marco del neoliberalismo imperante- es un producto del mercado que refleja las inequidades, el individualismo y la falta de probidad que caracteriza al modelo. En la industria de la tele basta mirar los ingresos de “rostros” con los de administrativos o principiantes de “noteros” para constatar las desigualdades. exclusiones y discriminaciones odiosas.

La noticia no es más que un artículo de consumo, sobre todo cuando contiene sensacionalismo y morbo con los cuales alimentar a televidentes y consumidores de estos “productos”. Hablar de democracia, entonces, al menos en Chile es una conquista por conseguir, mientras en otras latitudes la publicitan como un logro para enfrentarla a otros sistemas políticos autónomos, independientes y no por ello, necesariamente autoritarios.

La idea publicitaria de una “democracia” en la mayoría de los países de Occidente choca con la realidad de naciones que enfrentan graves falencias en materia de equidad e igualdad de oportunidades para sus ciudadanos. Israel, Estados Unidos, El Salvador, Arabia Saudita, Corea del Sur, Japón y otros importantes estados en los cinco continentes no pueden preciarse de demócratas ni menos intentar dar lecciones en este sentido. Tampoco siquiera las monarquías constitucionales europeas en permanentes crisis políticas por falta de representatividad.

Regímenes calificados de “autoritarios” o “dictaduras” como en China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, Irán o Nicaragua simplemente intentan -bien o mal, con o sin éxito- construir sistemas de gobierno diferentes, autónomos donde se rechace la intromisión extranjera y se permita la libre autodeterminación de sus pueblos. La televisión sumida en la hegemonía del pensamiento neoliberal difunde los peores términos para referirse a estos países -incluidos México y Brasil- en forma de caricaturas que caen también en el sensacionalismo y el morbo.

El grosero extractivismo productivo de poderosas industrias mineras, forestales, hortofrutícolas, acuícolas, así como las amenazas a la soberanía y la libre determinación de los pueblos son evidentes actitudes antidemocráticas que los medios no defienden con el ahínco que merecen en todo el mundo.

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