Benito y el Conejo – La Voz del Altiplano

Son dos en uno. En la escena musical son la misma persona. Aunque, el Conejo, el alter ego de Benito, es quien despierta simpatías y antipatías.

Su genialidad se traduce en que supieron acomodar sus letras al lenguaje de la insubordinación. Pasaron de la obscenidad pura y dura del trap, a utilizar metáforas en sus canciones; aunque no con la profundidad de Joaquín Sabina. 

Lograron conectar con la visión de rebeldía de los jóvenes, de aquellos que reniegan de los conflictos bélicos. Del poder esteroidal sobre la debilidad muscular. De los que lloran por las fotos, los momentos y recuerdos que perviven en la memoria, y se ven borrados por el desplazamiento. Obligándolos a dejar atrás las pertenencias físicas y las del alma. 

Porque duelen las imágenes de quienes se desplazan en marcha forzada. Los besos, los momentos felices pasados en casa, en el parque, en el vecindario. Los abrazos rotos, mutilados, por el arma asesina. Los sueños que tenían voz estentórea, fuerza huracanada, ahora son espejismos marcescibles. Estatuas de sal. 

Las nuevas creaciones cantadas, no invitan al descontrol. Mutaron, tomaron el cariz de lenguaje renegado. Unieron a francófonos, anglófonos, hispanohablantes y lenguas árabes. Algo impensable, que solo —seguramente— pasaba por la mente de Benito, cuando rodeado de su equipo de trabajo, entregaba al Conejo, un producto que pasaría a la historia.

Aparecen en un momento clave, cuando los derechos ganados luego de décadas de lucha y conquista, empiezan a ser vulnerados.

El vehículo de la música, con su armadura intolerante a la tiranía, que enarbola siempre la bandera de las libertades, pasó a convertirse en un freno ante los desafueros del poder.

Benito, y El Conejo, —para los desplazados, los atacados, los sin bandera— llegaron con capa de super héroe. Y les creen… porque desafiaron a la pobreza. Vieron en la manifestación cultural llamada música, el agujero de gusano, que les permitiría dejar de mover carritos de compras y empacar cartones.

Su creatividad, sumado el hecho de encontrarse en un entorno adecuado, se convirtió en masa madre para llegar a gran parte del orbe, y en idioma español.  

Tienen apenas treintaiún años. Provienen de la tierra de Iris Chacón. De cinco reinas Miss Universo. De Lavoe, Rafael Cortijo, Maelo Rivera. Y sigue la lista.

Puerto Rico es una interminable galaxia de artistas que siempre abrazan el éxito. Eso sí, dejan claro el sentimiento de orgullo por sus raíces.

Supieron utilizar la lengua castellana como símbolo de resistencia.

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