La tuberculosis cobró 600 vidas en cárceles de Ecuador – La Voz del Altiplano
16 de febrero de 2026 • 07:32

4 minutos de lectura

Ecuador enfrenta un repunte crítico de tuberculosis: los contagios subieron un 67 % y las muertes se duplicaron durante el 2025.

Sentado en un rincón de su celda en la Penitenciaría del Litoral de Guayaquil, «Luis» (nombre protegido) tose con insistencia.

Lo que inició como un resfriado hace tres meses es hoy la huella de una enfermedad que la sociedad creía bajo control, pero que en 2025 regresó con una fuerza devastadora: la tuberculosis (TB).

Su caso no es aislado. Según los registros oficiales del Ministerio de Salud Pública (MSP), Ecuador cerró el año pasado con 9.142 contagios, lo que representa un salto del 67 % en comparación al período anterior. Sin embargo, el dato más alarmante es la letalidad: 297 personas fallecieron, un incremento del 127 % frente a las 131 muertes reportadas en 2024.

Más de 100 mil pruebas de tuberculosis realizadas en 2025

Ante este repunte, el subsecretario de Vigilancia del MSP, Andrés Carrazco, sostiene que el incremento no responde necesariamente a un descontrol epidemiológico, sino a una mejora radical en la capacidad de diagnóstico.

La implementación de tecnología molecular (pruebas de ADN) y el uso de inteligencia artificial para la lectura de radiografías han permitido identificar casos que antes permanecían ocultos. El paso de 10.000 pruebas realizadas en 2019 a 114.000 en 2025 explica, desde la visión técnica, el súbito «pico» en las estadísticas.

Además, la unificación de sistemas ahora permite un registro en tiempo real que conecta los datos de los centros penitenciarios con la red de salud pública. El mapa de la enfermedad señala a Guayas como la «zona cero», concentrando el 58 % de los pacientes nacionales. Junto a El Oro, Los Ríos, Santa Elena y Napo, estas provincias agrupan tres de cada cuatro casos reportados.

Mortalidad en las cárceles

El escenario más crítico se vive en las cárceles, donde el riesgo de transmisión es hasta 100 veces mayor que en el exterior.

Actualmente, el 29 % de los enfermos del país se encuentra en centros de privación de libertad, un entorno de hacinamiento que facilitó la muerte de más de 600 internos por esta causa en el último año.

No obstante, el rostro más trágico es el de la juventud: el 63 % de los fallecidos en 2025 tenía entre 20 y 49 años.

Factores como el estigma social y el abandono del tratamiento por la necesidad de trabajar han vuelto a este segmento el más vulnerable ante el bacilo.

Medidas frente a la tuberculosis

Para frenar la tendencia, el Gobierno destinó 4 millones de dólares en 2025 para garantizar el stock de medicamentos de primera y segunda línea, además de 500.000 vacunas BCG para recién nacidos.

El reto actual es la tuberculosis multirresistente (MDR), que obliga a adquirir fármacos de alto costo debido a la mutación del bacilo ante los antibióticos convencionales.

El año 2026 inició bajo la misma sombra, con 13 muertes reportadas solo en sus primeras cuatro semanas. Mientras la estrategia oficial se centra en la «búsqueda activa» encomunidades de riesgo, el sistema de salud recuerda a la ciudadanía que, ante cualquier tos con flema por más de 15 días, el diagnóstico y el tratamiento —que dura seis meses— son totalmente gratuitos.

Los síntomas de alerta

La tuberculosis es una «ladrona» silenciosa de energía y aire.

El síntoma cardinal, y el que los médicos vigilan con más celo, es la tos con flema que persiste por más de 15 días.

A menudo, esta viene acompañada de una fatiga extrema, pérdida de peso inexplicable y fiebre leve, generalmente por las tardes. Sin embargo, la señal que suele causar mayor impacto es la hemoptisis (expectoración con sangre), que ocurre cuando la infección empieza a romper los pequeños vasos sanguíneos en los pulmones.

En esta etapa, el cuerpo también experimenta sudores nocturnos tan intensos que obligan a cambiar las sábanas, una respuesta del sistema inmune tratando de combatir al invasor sin éxito.

La enfermedad se torna mortal por dos vías: el daño estructural y la resistencia. Si no hay tratamiento, el bacilo de Koch «devora» el tejido pulmonar, creando cavernas o agujeros que reducen la respiración hasta provocar una insuficiencia respiratoria o hemorragias masivas.

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