El IESS debe construir un nuevo hospital en Portoviejo y subirlo de categoría.
El actual fue diseñado para la Sierra, tiene cuatro décadas de uso, cumplió su vida útil, fue golpeado por el terremoto de 2016 y arrastra problemas de infraestructura eléctrica, sanitaria y de diseño: sus áreas subterráneas se inundan de aguas servidas cada vez que llueve fuerte. Además, su categoría le impide ofrecer cirugías y tratamientos que sus propios médicos están capacitados para realizar.
Sin embargo, no hay proyecto, no hay presupuesto, no hay fecha. Para Quito y Guayaquil el IESS actúa e invierte. Para Manabí, guarda silencio.
Los casos complejos se derivan a los grandes hospitales de otras ciudades. Las familias viajan, gastan, se separan durante semanas de tratamiento y recuperación. El paciente y su familia enfrenta esa carga encima de su enfermedad. Y el IESS, paradójicamente, termina pagando más: derivar a clínicas privadas o a hospitales de otras provincias tiene un costo extra que resolver localmente, con médicos propios ya capacitados para hacerlo.
El centralismo no solo es injusto; también es ineficiente. Pero el IESS no reacciona.
Portoviejo recibe afiliados de toda la provincia y del seguro campesino. Su hospital ya está colapsado. Manabí aporta al IESS igual que cualquier otra provincia. Merece recibir lo mismo. Además, eso se alinea a la planificación local de hacer de la ciudad, un cluster de salud. Ignorar esa deuda no es una omisión administrativa: es discriminación.