Enfermedades tropicales siguen vigentes por desigualdades – La Voz del Altiplano
19 de febrero de 2026 • 17:40

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Enrique Loor Vera

Enrique Loor Vera

Redacción ED.

Las enfermedades tropicales desatendidas constituyen una categoría sanitaria que agrupa alrededor de 22 patologías infecciosas reconocidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cuales históricamente han recibido menor atención que otros problemas globales prioritarios. Así lo explicó el doctor Daniel Romero, docente investigador de la Universidad Internacional SEK, al analizar su impacto en poblaciones vulnerables y los desafíos que aún persisten en países como Ecuador.

De acuerdo con el análisis académico, esta clasificación surge a inicios de los años 2000, cuando organismos internacionales y comunidades científicas evidenciaron que la mayor parte de los recursos económicos, políticos y mediáticos se concentraban en tres enfermedades infecciosas: malaria, tuberculosis y VIH/sida. Frente a esa realidad, se impulsó una estrategia para visibilizar un conjunto amplio de patologías que también generan alta carga social, económica y sanitaria, especialmente en contextos de pobreza.

Romero señaló que estas enfermedades afectan principalmente a poblaciones que viven lejos de los centros urbanos, con limitado acceso a servicios básicos como agua potable, alcantarillado, vivienda adecuada y atención médica oportuna. Estas condiciones estructurales explican por qué su impacto se mantiene, a pesar de los avances científicos y tecnológicos registrados en las últimas décadas.

Panorama global y prioridades históricas

Según el investigador, la creación de esta categoría permitió asignar presupuestos específicos para investigación, prevención y tratamiento, aunque su distribución y ejecución varían entre países. En América Latina, la carga sigue siendo significativa debido a desigualdades socioeconómicas persistentes, informalidad laboral y debilidades en la infraestructura sanitaria, especialmente en zonas rurales y periurbanas.

En el caso ecuatoriano, de las más de 20 patologías reconocidas, destacan aquellas transmitidas por vectores, como el dengue, así como la mordedura de serpientes, considerada también dentro de esta clasificación por su impacto en comunidades rurales. Estas problemáticas son particularmente relevantes en provincias de la Costa y la Amazonía, donde las condiciones climáticas y ambientales favorecen su presencia.

El académico indicó que, si bien existen esfuerzos institucionales para el diagnóstico y tratamiento, los altos índices de casos reflejan que las estrategias actuales no son suficientes para reducir de manera sostenida la incidencia. Factores como el crecimiento poblacional, la movilidad humana y el cambio climático influyen en la expansión de estos problemas de salud.

Desigualdad territorial y factores ambientales

Las enfermedades tropicales desatendidas tienen como rasgo común su estrecha relación con la pobreza y la ruralidad. Romero explicó que la falta de acceso continuo al agua potable obliga a muchas familias a almacenar el líquido en recipientes abiertos, creando condiciones ideales para la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como dengue, chikungunya y zika.

Este fenómeno no se limita a comunidades aisladas, sino que también afecta a zonas turísticas que carecen de servicios básicos estables. La acumulación de agua en tanques, bidones o envases domésticos incrementa la densidad de vectores y, con ello, la probabilidad de brotes, incluso en temporadas de alta afluencia de visitantes.

A estos factores se suma el impacto del cambio climático y de eventos como El Niño, que generan aumento de temperaturas y lluvias, condiciones propicias para la reproducción de mosquitos. Desde la perspectiva científica, estos procesos globales superan el control local y obligan a replantear las estrategias de prevención desde un enfoque integral, dijo el médico en Manavisión Plus.

Rol de la academia y la prevención comunitaria

Romero destacó que uno de los principales aportes de la academia es la generación de información confiable que permita tomar decisiones basadas en evidencia. En ese marco, la Universidad Internacional SEK, a través de su Facultad de Ciencias de la Salud, impulsa la formación de profesionales en biomedicina y áreas afines, con énfasis en diagnóstico temprano e identificación de estas patologías.

La investigación científica también ha permitido visibilizar riesgos poco conocidos. Un ejemplo es el hallazgo de reservorios animales en enfermedades como la lepra, donde se identificó a los armadillos como portadores. Este tipo de información resulta clave para diseñar campañas preventivas culturalmente pertinentes, especialmente en comunidades donde la interacción con estos animales forma parte de prácticas tradicionales.

Las enfermedades tropicales desatendidas requieren, según el investigador, estrategias diferenciadas para zonas urbanas y rurales. Mientras en las ciudades predominan problemas relacionados con enfermedades de transmisión sexual o respiratoria, en el campo persisten aquellas asociadas al ambiente, al suelo y a vectores, lo que obliga a adaptar las intervenciones sanitarias.

Información pública y desafíos pendientes

Otro reto identificado es el acceso limitado a datos oficiales actualizados y de libre consulta. Romero advirtió que existe una desconexión entre instituciones gubernamentales, academia y ciudadanía, lo que dificulta la construcción de políticas públicas efectivas. Aunque por ley la información en salud debería ser pública, su disponibilidad suele ser irregular.

Iniciativas como observatorios ciudadanos buscan cerrar esa brecha mediante la publicación y análisis de bases de datos sobre enfermedades prevalentes, permitiendo a investigadores, autoridades y comunidades comprender mejor la magnitud del problema y anticipar escenarios de riesgo.

Finalmente, el académico subrayó que las enfermedades tropicales desatendidas seguirán presentes mientras persistan desigualdades estructurales. No obstante, resaltó que los avances científicos recientes ofrecen oportunidades para mejorar la prevención, siempre que la información se traduzca en acciones coordinadas, educación comunitaria y políticas sostenidas que prioricen a las poblaciones históricamente relegadas.

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