El Código de la Democracia debe reformarse para cambiar el sistema de inscripción de candidatos a las distintas dignidades: presidente de la República, integrantes del CPCCS, asambleístas, prefectos, alcaldes o alcaldesas, concejales y presidentes de los GAD parroquiales. Todos deben reunir un perfil académico y de honorabilidad; no tener antecedentes jurídicos; ser personas de bien, emprendedoras y solidarias; y contar con conocimientos acordes con la dignidad a la que aspiren.
Para presidente se debería exigir, como mínimo, título de tercer nivel; para el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, cuarto nivel y que sus integrantes no estén afiliados a ningún partido o movimiento político; para asambleístas, tercer nivel, pleno goce de los derechos constitucionales y conducta intachable. Así se garantizaría un poder legislativo eficiente, con principios éticos y conocimientos para elaborar proyectos de ley que beneficien al país y no a intereses particulares. De esta manera evitaríamos una Asamblea que no legisla ni fiscaliza y cuya gestión el pueblo califica con menos del 4% de aceptación.
Para prefectos y alcaldes se debería exigir, al menos, tercer nivel académico; y para presidentes de los gobiernos autónomos descentralizados parroquiales, título de bachiller de la República. Con ello estaríamos representados por autoridades idóneas, capaces de garantizar la democracia y la estabilidad económica, social y política de la nación ecuatoriana. Se impediría que la política sea un botín y que se designen personas sin experiencia para cargos de elección popular.
También evitaríamos que los partidos postulen candidatos sin relación con el desarrollo del país. Con frecuencia se promueve a artistas, deportistas o figuras de la farándula por su fama, aunque no estén preparados para ejercer funciones públicas. En esos casos, el país no recibe aporte alguno.
Los electores debemos estar atentos para evaluar el perfil académico, político y social de quienes solicitan nuestro respaldo. Hay que elegir a los más capaces, no al que grita más, al que invierte más en publicidad o al que pertenece a un partido popular que prioriza beneficios partidistas antes que el bien común. De lo contrario, el pueblo queda rezagado durante cuatro años sin obras básicas ni desarrollo.
A veces no gana el mejor, sino el más audaz; pero la responsabilidad también es del votante cuando no analiza con criterio y se deja influir por favores o promesas. No hipoteques tu voto: vota con sabiduría. Solo así construiremos un país atractivo para invertir y digno para vivir. Analicemos las ideologías que hoy gobiernan naciones en extrema pobreza y que antes fueron potencias económicas.