Durán es la quinta ciudad más poblada de Ecuador. Acaba de cumplir 40 años como cantón del Guayas, pero, históricamente, arrastra un problema que parece insuperable: las carencias en el suministro de agua potable para sus 309 mil habitantes.
Por años, el líquido se ha despachado, en promedio, por máximo 8 horas a la semana. Aunque desde finales de febrero de 2026 «no llega ni eso», mastica con rabia Jazmín Carvajal, piel bronceada, madre de dos hijos universitarios, quien está pendiente de las tuberías a ver «si sale algo».
Durán cumple ya tres semanas sin el suministro este viernes 13 de marzo de 2026. Y el Municipio -a través de la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Durán, Emapad- no da certezas de cuándo se resolverá definitivamente el problema.

«Ni siquiera es volver a la normalidad. Porque tampoco es normal que te den agua solo dos horas al día, cuatro días a la semana. Esto es insufrible», remarca Eduardo Macay Solórzano, manabita de 45 años, esposo de Jazmín. Hace tres décadas la pareja llegó a vivir a la ciudadela Abel Gilbert de Durán. «Yo vengo de Chone. Y allí nunca padecimos esto», remarca él. «Lo peor es que cuando vuelve el agua, la primera media hora es lodo. Las tuberías están podridas. Llega agua tan oscura que espanta. Esto empeora. Y claro, porque más gente vive en esta ciudad, en un crecimiento poblacional descontrolado».

Durán está, además, inundado por efecto del fuerte invierno, sin un sistema eficiente de alcantarillado y, encima, con un problema de inseguridad latente. «Tras palos, piedras. Esta ciudad es, literalmente, un coctel mortal, o el símbolo del abandono estatal», cuestiona Macay.
Su familia se turna -según los horarios que Emapad publica en redes sociales- para poder recolectar el líquido o gestionar la compra a tanqueros. «Pago 20 dólares para llenar la cisterna. Hemos normalizado esto y no está bien. Porque encima pagamos al Municipio un valor mensual por un servicio que nunca llega», asegura Eduardo, quien conoce cada reducto del cantón, porque vende agua purificada.

«En otros sectores es peor, porque no tienen cisternas y tampoco las conexiones por tuberías. No puede pasar esto en pleno siglo XXI. Es realmente vergonzoso». Y usa esa última palabra porque, incluso, los habitantes se han acostumbrado a evitar bajar la válvula de los baños de forma consecutiva para ahorrar el agua. «Este es un problema de sanidad pública y nadie hace nada».
¿Por qué se ha agravado el problema del suministro? Por un daño en el acueducto principal de 800 milímetros, en el sector La Herradura, que fue instalado en 2018, en la administración de Alexandra Arce.
Esta línea de conducción, según el Cabildo, ha sufrido más de 40 roturas desde junio de 2023, «lo que evidencia la fragilidad de una red que por años no recibió la inversión técnica necesaria», justifica a El Diario el alcalde Luis Chonillo, quien opera virtualmente y en paradero desconocido tras los atentados en su contra en 2023, a los pocos días de asumir el cargo.
Y agrega: «El origen de los problemas está en las decisiones tomadas durante la construcción de la infraestructura; no se consideró adecuadamente las condiciones del suelo de la ciudad, caracterizado por altos niveles de humedad y salinidad. Eso provocó el deterioro progresivo de tuberías. El terrenó afectó el hierro dúctil del acueducto hasta provocar filtraciones cada vez más frecuentes».

Dos acueductos inservibles
Para el gerente de Emapad, Rodolfo Baquerizo, el servicio depende de dos acueductos principales: uno de 800 milímetros de diámetro y otro de 500. Este último abastece al 30 % de la ciudad, «registra muy pocos problemas y eso que tiene más de 100 años: ha tenido tres roturas en esta administración».
Sin embargo, el acueducto de 800 milímetros, inaugurado en 2018 y que abastece al 70 % del cantón, presenta constantes fallas. «Va a cumplir ocho años y ha tenido solo en esta administración cuatro docenas de roturas», recalca Baquerizo.
De hecho, ese proyecto -que tuvo un costo de casi $42 millones, financiado por el Banco del Estado– fue observado por la Contraloría General y existe una resolución judicial relacionada con el proceso de contratación. «Ya hay una sentencia que involucra a dos exalcaldes (Alexandra Arce y Dalton Narváez)», afirma el gerente de Emapad.
El último episodio ocurrió tras varios cortes de energía no programados en Milagro. Eso generó cambios bruscos de presión en el sistema, conocidos como golpes de ariete. El acueducto de 800 milómetros soportó dos cortes, pero al tercero, según el Municipio, hubo un cambio en la presión del agua que sale de El Chobo y la que llega al Peñón del Río (donde está el sector La Herradura).

Días enteros buscando la fuga
Localizar la fuga, en un sector de más de 8 kms, fue una tarea titánica, debido a que ocurrió en un tramo rodeado de camaroneras y arroceras que permanecen inundadas. Emapad pidió apoyo de otras entidades para ubicar el punto exacto de la rotura. «Hablamos con Emapag e Interagua (de Guayaquil), que nos ayudaron con geófonos especializados. La búsqueda de las roturas se extendió durante varios días».
La fuga, finalmente, fue detectada tras observar un leve movimiento en el agua que delataba la presión de la tubería rota. «Vimos un pequeño burbujeo y decidimos meter toda la maquinaria ahí. Logramos hacer un dique para desaguar esa parte y confirmar que por ahí estaba saliendo el agua», relata Baquerizo.
Los trabajos se ejecutan todavía en el sector La Herradura, aunque a la crisis sanitaria (inundaciones, falta de alcantarillado y agua) se suma la indignación de los habitantes. En los últimos días cientos de personas han acudido al Municipio para reclamar por la falta del servicio, pero, también, por la ausencia del alcalde.
La Policía confirmó a El Diario que ha ofrecido a Chonillo un plan de protección especial para que él vuelva al cantón con todas las seguridades respectuvas, aunque él lo ha rechazado. Pero eso, eso ya es otra historia.