El envenenamiento de nueve perros callejeros en Rocafuerte no es un hecho aislado. Hechos similares se han registrado en otros cantones de Manabí y las autoridades no han logrado detener este tipo de conductas. Esta vez ocurrió con una amenaza previa conocida por la comunidad y, aun así, nadie actuó para prevenirlo.
Que esa advertencia no haya derivado en una medida preventiva obliga a preguntarse qué hacen el GAD Municipal y la Comisaría cuando la comunidad alerta sobre un riesgo concreto. La investigación debe ser expedita. Las cámaras revisadas de inmediato.
Las sanciones ejemplares son el único lenguaje que disuade a quienes consideran que la vida de un animal no tiene valor. Pero sancionar no basta. Lo que cambia las conductas a largo plazo es la educación.
Además, Manabí necesita programas municipales de esterilización, tenencia responsable y refugios. Sin política pública seria, esto volverá a ocurrir.