Lo que se venía diciendo desde hace tiempo quedó evidenciado el viernes: la selección de Ecuador está para mucho más y no únicamente para experimentar. Ante Marruecos se vio una versión mejorada de la Tri, una muestra clara de lo que este equipo puede hacer frente a cualquier rival que se le ponga enfrente.
Desde el arranque hubo actitud, intención de proponer y una presión alta que pocas veces se había visto en esta era de Sebastián Beccacece. Esa postura ofensiva es justamente lo que se le venía exigiendo al equipo, y por momentos dio resultados. El técnico, esta vez, pareció acertar con su once inicial, mostrando una estructura más sólida y coherente.
El rival no era menor. Ecuador enfrentó a una selección ubicada entre las diez mejores del mundo y actual campeona —aunque discutida— de la Copa Africana de Naciones. Más allá de ese contexto, el equipo ecuatoriano respondió con orden, comenzando desde la seguridad en el arco y proyectándose hacia el ataque, aunque es precisamente en esa zona donde aún persisten falencias.
El empate, sin embargo, deja un sabor agridulce. Más que por virtudes del rival, el resultado terminó condicionado por errores propios y un evidente desorden tras los cambios realizados por el cuerpo técnico. Aun así, hay aspectos positivos que invitan a creer en una evolución real.
Ecuador no está para llegar a un Mundial a experimentar nuevamente. Ese tiempo ya pasó. El equipo tiene con qué competir y aspirar a más, aunque en ocasiones el discurso desde el banquillo no refleje ese potencial.
También es necesario señalar rendimientos individuales. Jugadores como Pervis Estupiñán, Angelo Preciado y Kendry Páez, hoy por hoy, están lejos de su mejor nivel con la selección. Si bien aún hay margen de mejora en los meses previos a la cita mundialista, actualmente no atraviesan un momento que justifique su presencia.
En contraste, pese a las críticas que recibe en su club, Gonzalo Plata demuestra que en la Tri es distinto. Su capacidad de desequilibrio y su aporte ofensivo lo convierten en una pieza importante dentro del esquema.
El próximo desafío será otra prueba exigente: Países Bajos. Un rival al que Ecuador ya enfrentó de igual a igual en el último Mundial, en un partido donde incluso mereció más. Esa será una nueva oportunidad para confirmar si este crecimiento es real o apenas un buen momento pasajero.