IVA del 15% en alimentos procesados redefine el consumo – La Voz del Altiplano
Enrique Loor Vera

Enrique Loor Vera

Redacción ED.

La aplicación del IVA del 15% a una serie de alimentos procesados abre una nueva discusión sobre el impacto real que tendrá esta medida en la economía cotidiana de los ecuatorianos.

Jorge Calderón, analista económico, explicó en entrevista con Manavisión Plus que la disposición del Servicio de Rentas Internas (SRI) no crea un impuesto nuevo, sino que ajusta el tratamiento tributario de ciertos productos que, por haber pasado por procesos de transformación, ya debían ser considerados dentro de un esquema gravado.

A su criterio, el punto central del debate no está solo en la norma, sino en cómo esa decisión terminará afectando el consumo, los precios y el poder adquisitivo.

Calderón sostuvo que el criterio técnico aplicado por el SRI parte de una diferenciación que en otros sistemas tributarios ya resulta habitual: los productos en estado natural mantienen tarifa cero, mientras que aquellos que incorporan procesos industriales, cambios en su composición o transformaciones para su comercialización generan valor agregado y, por tanto, deben tributar.

Bajo esa lógica, no se trata de una ampliación arbitraria del cobro, sino de una estandarización que busca separar con mayor claridad los alimentos frescos o naturales de aquellos que llegan al consumidor tras una intervención productiva.

Su impacto más visible aparece en el día a día de los hogares, especialmente en una economía donde buena parte del consumo se concentra en alimentos básicos y de compra frecuente.

Calderón advirtió que cuando un producto que antes se adquiría a un valor determinado pasa a reflejar una carga tributaria adicional, la reacción inmediata del ciudadano es revisar su presupuesto, comparar precios y replantear sus decisiones de compra en función de sus ingresos reales.

Cambios en el bolsillo y en el consumo diario

Uno de los principales efectos que, según el analista, se empezará a observar es la modificación de los hábitos de consumo. Cuando el precio final de un alimento sube, aunque el incremento parezca pequeño de manera individual, el efecto acumulado sobre una canasta de productos sí puede resultar importante para los hogares.

Esto se vuelve más sensible en familias con ingresos ajustados, donde cada dólar cuenta y donde un cambio en varios artículos de consumo habitual termina alterando la planificación del gasto mensual.

En ese contexto, Calderón explicó que el IVA del 15% puede empujar a los consumidores a buscar sustitutos más económicos, a reducir la frecuencia de compra de ciertos productos o a cambiar de marcas y presentaciones.

El comportamiento no sería extraordinario, sino una reacción previsible del mercado ante una variación en precios. Si un producto procesado se encarece, el consumidor tratará de conservar su capacidad de compra recurriendo a otras opciones que le permitan cubrir la misma necesidad alimentaria con un menor desembolso.

Además, señaló que la respuesta no solo vendrá desde el lado del consumidor. También es probable que algunas empresas ajusten sus estrategias para evitar una caída brusca en ventas. Una de esas alternativas puede ser mantener un precio similar en percha, pero reduciendo el gramaje o el contenido del producto.

De ese modo, el comprador percibe una aparente estabilidad en el valor pagado, aunque en la práctica reciba menos cantidad. Ese tipo de ajustes comerciales, explicó Calderón, forma parte de las formas en que el mercado absorbe cambios tributarios sin mostrar alzas abruptas de manera inmediata.

Posibles efectos en inflación y capacidad adquisitiva

El analista considera que otro efecto relevante podría reflejarse en la inflación, sobre todo en el segmento de alimentos. No se trataría necesariamente de un proceso prolongado ni de una escalada permanente de precios, pero sí de un ajuste inicial que podría notarse en los primeros meses de aplicación de la medida.

A su criterio, abril y los meses siguientes serán claves para observar si el nuevo tratamiento tributario tiene una incidencia visible en los indicadores de precios al consumidor dentro de esta categoría específica.

Calderón aclaró que ese posible efecto inflacionario debe entenderse como una adaptación del mercado y no como una subida indefinida. En general, explicó, cuando se introduce una modificación tributaria de este tipo, el sistema económico atraviesa un periodo de acomodo en el que productores, distribuidores, comerciantes y consumidores reordenan sus decisiones.

Una vez superado ese primer momento, la economía tiende a estabilizarse, aunque el impacto en el bolsillo de las familias ya haya quedado incorporado en sus nuevas rutinas de gasto.

En ese sentido, uno de los puntos más delicados es la pérdida de poder adquisitivo. Calderón indicó que el problema no pasa únicamente por el salario nominal, sino por la capacidad real de compra que ese ingreso permite sostener.

Si un hogar mantiene el mismo ingreso mensual, pero varios de sus productos cotidianos aumentan de precio, el resultado concreto es que podrá comprar menos. Esa es, para el analista, una de las consecuencias más directas del IVA del 15%, especialmente en sectores donde solo uno de los miembros de la familia genera ingresos o donde el presupuesto ya estaba limitado antes de esta modificación.

Recaudación, control y riesgos de especulación

Desde la perspectiva fiscal, Calderón señaló que la medida sí puede tener un efecto positivo para la recaudación del Estado, debido a que involucra productos de alto consumo y presencia constante en el mercado.

Aunque todavía no existen cifras exactas sobre cuánto dinero adicional podría captar la administración tributaria por esta vía, el analista considera que el impacto será relevante por tratarse de bienes que forman parte de las compras regulares de una gran parte de la población. Esa masividad convierte a la medida en un ajuste con potencial recaudatorio, incluso si no todos los productos encarecen en la misma proporción.

No obstante, también advirtió que el efecto final no dependerá solo de la norma, sino de la manera en que el comercio la aplique. Uno de los riesgos más serios es la especulación.

Calderón explicó que en Ecuador suelen presentarse redondeos indebidos o incrementos injustificados cuando hay modificaciones tributarias o cambios en costos. Un producto que debería reflejar un alza precisa podría terminar subiendo más por decisiones discrecionales de comerciantes o intermediarios, aprovechando la confusión del consumidor.

Por eso insistió en que el IVA del 15% debe venir acompañado de controles y de una acción clara de fiscalización. En su análisis, no basta con publicar el listado de productos gravados; también se requiere vigilancia sobre los precios y capacitación para comerciantes, tenderos y pequeños negocios.

De lo contrario, el ajuste tributario podría convertirse en una excusa para cobros excesivos que no beneficien al Estado ni respondan al valor real del impuesto, sino que terminen golpeando de forma desproporcionada a los consumidores.

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