«A medida que la ciudad crece y el bosque muere, el calor aumenta» – La Voz del Altiplano
11 de abril de 2026 • 10:00

5 minutos de lectura

Detrás del intenso calor que golpea al valle existe una combinación de factores que van desde el crecimiento demográfico descontrolado hasta la deforestación de las colinas que abrazan la ciudad.

Johnny Muentes, exdirector del Jardín Botánico de Portoviejo y presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Manabí, explica cómo la intervención humana y el cambio climático están transformando nuestro entorno, afectando no solo nuestra calidad de vida, sino también a la flora y fauna local.

 Actualmente percibimos temperaturas sofocantes en la ciudad. ¿Esto tiene relación con la deforestación?

 Sí, definitivamente tiene mucho que ver. Desafortunadamente, nuestra provincia sigue siendo una de las más deforestadas del país. Tenemos el mal hábito de talar todo al momento de trabajar la tierra, sin aplicar una agricultura sostenible. A estas consecuencias, que ya hemos advertido antes, hay que sumarle el cambio climático. Esta situación no solo ocurre aquí; a nivel global vemos lugares donde la temperatura promedio ha aumentado entre 0.5 y hasta 1 grado centígrado. Esa es la evidencia clara de lo que estamos viviendo.

Desde su experiencia en el Jardín Botánico, ¿cuál es el diagnóstico de la cobertura vegetal actual en Portoviejo, especialmente en esas colinas?

 A nivel local, sufrimos grandes procesos de deforestación. El crecimiento poblacional en las colinas por encima de la cota 70 es una situación que nos afecta a diario. Cuando hay poca vegetación, el calor aumenta drásticamente. Los árboles cumplen funciones vitales: generan sombra, capturan anhídrido carbónico y crean un microclima de tranquilidad. A medida que la ciudad crece, el asfalto se expande, la luz solar rebota y el ambiente se vuelve más pesado.

Con este panorama, ¿qué factor pesa más en este momento: la intervención humana con la deforestación o el cambio climático?

 Yo diría que influyen en un 50% cada uno. Hay un aumento progresivo y evidente del cambio climático, pero la deforestación causada por nosotros lo agrava. No es solo la tala; existen otros factores contaminantes y emisiones que arrojamos al entorno, incrementando el efecto invernadero que termina afectando la salud de las personas y de las especies.

Para que la ciudadanía lo comprenda a nivel práctico, ¿por qué la falta de árboles nos hace sentir más calor?

 La diferencia está en cómo se procesa la luz solar. Si te pones bajo una carpa, esta frena la luz, pero el calor se encierra y rebota, generando un ambiente cálido. En cambio, el árbol no devuelve la luz inmediatamente; la absorbe a través de sus hojas para realizar la fotosíntesis. Esa absorción, sumada a que el árbol permite la circulación del viento, genera un clima fresco y regula la temperatura del entorno.

¿Y cómo está afectando este desequilibrio térmico a las especies nativas de nuestra región?

  La flora y la fauna necesitan temperaturas óptimas para sobrevivir. Ya estamos viendo especies de animales intentando escapar, apareciendo en espacios urbanos donde antes no se veían. En cuanto a la flora, los cambios bruscos de temperatura alteran sus ciclos. Por ejemplo, debido al clima extremo, árboles emblemáticos de nuestro entorno, como los ceibos o los mangos, ya no están dando los frutos que normalmente producían en otros años.

Ante la urgencia de reforestar frente al tiempo que tarda un árbol en crecer, ¿qué acciones se pueden tomar a corto y largo plazo?

  A largo plazo, la principal herramienta de mitigación es la educación ambiental. Debe ser un eje vertical, presente desde los jardines de infantes hasta las universidades, para que todas las profesiones actúen con conciencia ecológica.

Como acción inmediata, los municipios deben implementar un plan intensivo de arborización urbana. Pero atención: no se trata de sembrar cualquier especie. Se deben utilizar árboles con características morfológicas y fisiológicas ideales para el entorno urbano (parterres y parques). Para esto, es necesario crear normativas técnicas que determinen qué especie plantar y en qué lugar exacto.

El crecimiento urbanístico sigue reemplazando espacios verdes por cemento. ¿Falta control en estas expansiones?

  Totalmente. Si hay un avance demográfico, debería existir un avance proporcional en reforestación, y eso no se está haciendo. Hoy se permite construir y talar árboles sin exigir medidas compensatorias reales. Necesitamos políticas serias; es probable que existan ordenanzas al respecto, pero en la práctica no se aplican.

Finalmente, ¿tienen datos de cuánto ha variado la temperatura históricamente en la ciudad debido a esta pérdida de cobertura vegetal?

  Hace algún tiempo realizamos una investigación en el Jardín Botánico. Tomamos registros desde 1970 hasta aproximadamente el año 2000, y ya notábamos diferencias. Luego, desde el 2000 hasta la fecha actual, hemos registrado un incremento de al menos 0.5 grados en la temperatura promedio de Portoviejo. En la época de los 70 teníamos muchos más árboles y bosques. Lamentablemente, la regla parece ser que a medida que crece el asentamiento humano, se destruye la vegetación.

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