El avance de la cardio-oncología ha abierto un nuevo enfoque en la atención de pacientes con cáncer, al evidenciar que los tratamientos oncológicos pueden generar efectos directos y tardíos sobre el corazón y el sistema vascular. Este campo, relativamente reciente, se ha convertido en un pilar del manejo integral del paciente, al identificar riesgos que antes pasaban desapercibidos y que hoy condicionan el pronóstico y la calidad de vida.
Leonardo Moya, cardiólogo intervencionista, explicó en Manavisión Plus que esta subespecialidad surge al reconocer que el corazón también sufre las consecuencias del tratamiento médico o quirúrgico contra el cáncer. La necesidad de evaluar la salud cardiovascular antes de iniciar terapias oncológicas responde a la evidencia de que muchos pacientes ya presentan factores de riesgo acumulados a lo largo de su vida.
El contexto adquiere especial relevancia este 4 de febrero, Día Mundial contra el Cáncer, una fecha que desde el año 2000 busca generar conciencia sobre una enfermedad que, junto con las patologías cardiovasculares, se mantiene entre las principales causas de mortalidad a nivel mundial.
Un campo médico en consolidación
La cardio-oncología se ha desarrollado con mayor fuerza en la última década, impulsada por la evolución de los tratamientos contra el cáncer y la mayor sobrevida de los pacientes. A medida que más personas superan la enfermedad, se vuelve indispensable anticipar y controlar los efectos cardiovasculares derivados de quimioterapia, radioterapia o terapias farmacológicas específicas.
Desde el punto de vista clínico, el objetivo es evaluar el estado del corazón antes del diagnóstico definitivo, durante el tratamiento y en el seguimiento posterior. Este control permite identificar alteraciones tempranas y ajustar las terapias para evitar complicaciones mayores como insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria o inflamación del tejido cardíaco.
Moya detalló que todo paciente con cáncer es considerado de riesgo cardiovascular, incluso si no presenta síntomas. El proceso tumoral genera un estado inflamatorio sistémico que obliga al organismo a mantenerse en constante alerta, lo que incrementa la probabilidad de eventos cardíacos.
Factores de riesgo que se acumulan
La edad, la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad y el tabaquismo son factores que suelen coexistir en pacientes diagnosticados con cáncer, especialmente a partir de los 50 años. Estas condiciones no solo aumentan el riesgo oncológico, sino que también predisponen a infartos y otras enfermedades del corazón.
El control cardiológico previo al inicio del tratamiento permite establecer una línea base del funcionamiento cardíaco. De esta manera, los especialistas pueden diferenciar entre alteraciones preexistentes y aquellas provocadas por las terapias contra el cáncer, optimizando el seguimiento médico.
En este escenario, la cardio-oncología cumple un rol de equilibrio, al buscar que el tratamiento oncológico sea efectivo sin comprometer la función del corazón. Esta coordinación involucra oncólogos, hematólogos y cardiólogos, quienes trabajan de forma conjunta para reducir riesgos.
Tratamientos y efectos cardiovasculares
No todos los tratamientos contra el cáncer tienen el mismo impacto sobre el sistema cardiovascular. Las cirugías suelen tener una repercusión menor, mientras que los tratamientos farmacológicos y la radioterapia concentran los mayores riesgos. Algunos medicamentos pueden provocar dolor torácico, debilitar el músculo cardíaco o generar inflamación interna del corazón.
La radioterapia aplicada en zonas cercanas al pecho, como en cáncer de mama o mediastino, puede acelerar el envejecimiento de las arterias coronarias y favorecer el desarrollo temprano de enfermedad coronaria. Estos efectos refuerzan la necesidad de controles periódicos incluso después de haber superado el cáncer.
El seguimiento no termina con la remisión oncológica, dijo Moya. Los pacientes que han vencido la enfermedad deben continuar bajo vigilancia cardiovascular de por vida, ya que el corazón ha sido sometido a un estrés diferente al habitual y mantiene un riesgo elevado con el paso de los años.
Adultos y niños: riesgos diferenciados
En pacientes adultos mayores, los tratamientos oncológicos suelen coincidir con enfermedades crónicas preexistentes, lo que incrementa la probabilidad de complicaciones cardíacas. En cambio, en niños y adolescentes, el sistema cardiovascular responde mejor y presenta menos efectos inmediatos, sostuvo el médico.
Sin embargo, los especialistas recomiendan un seguimiento a largo plazo también en pacientes pediátricos, ya que algunas consecuencias pueden manifestarse décadas después. La diferencia radica en que el organismo infantil no arrastra los mismos factores de riesgo acumulados que el adulto.
Estilo de vida y prevención
La alimentación saludable, el control del peso y la actividad física regular se consolidan como herramientas fundamentales para reducir riesgos, manifestó Moya. Mantener un estilo de vida activo puede disminuir hasta en un 30 % la probabilidad de desarrollar enfermedad coronaria, incluso en personas que han pasado por un tratamiento contra el cáncer, dijo en la entrevista.
La actividad física, lejos de estar contraindicada, forma parte de la recuperación cardiovascular. El ejercicio mejora la oxigenación, reduce la inflamación y contribuye a preservar la masa muscular, factor clave para enfrentar el tratamiento oncológico con mejores resultados, comentó el especialista.
En este punto, la cardio-oncología refuerza el mensaje de que el corazón no se recupera con reposo absoluto, sino con actividad controlada y supervisada, adaptada a cada paciente.
Un desafío para el sistema de salud
En Ecuador, esta subespecialidad aún se encuentra en proceso de consolidación. En Manabí, instituciones como Solca concentran los esfuerzos más estructurados, con equipos multidisciplinarios que integran el cuidado oncológico y cardiovascular.
Las guías clínicas específicas comenzaron a publicarse en 2023, lo que evidencia lo reciente del enfoque y el amplio margen de crecimiento que aún existe. A pesar de ello, la conciencia sobre la importancia del control cardíaco en pacientes con cáncer va en aumento.
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, el mensaje central apunta a entender que muchos pacientes no fallecen por la enfermedad oncológica, sino por complicaciones cardíacas. Anticipar esos riesgos, mediante seguimiento y prevención, se convierte en una estrategia clave para mejorar la supervivencia y la calidad de vida.