La educación comienza por casa, luego en las escuelas, colegios y universidades.
El éxito de una nación es el apoyo que el Gobierno entregue a la educación, porque un pueblo educado, profesional y culto siempre tendrá un buen vivir y aportará con sus conocimientos, generando empleos y riquezas para todos.
En Ecuador, la Constitución aprobó entregar un 6% del presupuesto general del Estado a la educación, pero esto no se cumple; por tal motivo, tenemos un país que deja mucho que desear en este campo vital para que nuestros niños y jóvenes se desarrollen y sean nuestro futuro.
Los asambleístas deben legislar y fiscalizar a favor del pueblo, haciendo leyes para todos y haciendo cumplir que lo presupuestado se ejecute, y no sólo legislar para grupos privilegiados y políticos.
Anteriormente, la educación formaba estudiantes de bien; los docentes eran autoridades que hacían cumplir un ordenamiento de valores y respeto a los mayores y familiares. Pero en un Gobierno de centroizquierda, que coartó la disciplina dentro de los centros educativos, un docente no tiene la protección de las leyes, sino que más bien recibe castigo por imponer respeto, orden y cumplir con la formación de los estudiantes.
Muchas veces, los docentes son maltratados por estudiantes y padres de familia, incluso, con la contemplación de los directores de las entidades educativas, que los amenazan con denunciarlos ante las autoridades de turno. Además, en estos tiempos de violencia, llegan a recibir amenazas de grupos delictivos por el único pecado de querer formar personas de bien.
Ante esta realidad se debe organizar labores de formación deportiva, cultural y artística; así alejamos a estos jóvenes de los malos hábitos como el alcohol y las drogas y tendremos un país digno para vivir y para invertir.