Salud mental, educación y burocracia – La Voz del Altiplano

El 22 de abril del presente año, la Asamblea Nacional aprobó la Ley Orgánica de Promoción, Prevención y Atención Psicosocial para Niños, Niñas y Adolescentes. Frente a lo cual es importante señalar que con esta ley se visibiliza jurídicamente la salud mental de las edades más tempranas dentro del proceso educativo de los ecuatorianos. 

Algunos medios de información destacan la inclusión de la psicoeducación como asignatura en la malla curricular, con lo cual se trata de reducir lo esencial de la ley en esta herramienta curricular cuyos contenidos no pueden ser parecidos a los de cualquier materia. Lo fundamental de lo aprobado por la Asamblea va más allá de ello; es integral, como debe ser, incluye a todos los que tienen la responsabilidad institucional del proceso de aplicación de la ley. 

Sin embargo, hay que considerar algunos elementos presentes en la realidad de la educación ecuatoriana. Existe desconocimiento por parte de la burocracia estatal. Piensan que desde el escritorio se puede aplicar la ley de forma igualitaria en la infinita diversidad cultural de cada localidad e institución educativa, convirtiéndose en «patrones pedagógicos». Piensan, planifican y deciden, mientras otros ejecutan el proceso educativo, como «peones pedagógicos»; en este caso, los docentes, siendo estos últimos los verdaderos actores, quienes deben planificar, ejecutar, evaluar y retroalimentar todo el proceso de manera participativa.  

Ahora bien, dentro de esto juega papel fundamental el ahora llamado DECE (Departamento de Consejería Estudiantil), que debe convertirse en el motor de la institución educativa, organismo integrado por médicos, psicólogos educativos y clínicos, trabajadores sociales, equipo multiprofesional e interdisciplinario, quienes se constituyen en los ejes institucionales por cuanto son los encargados de hacer el levantamiento de información diagnóstica evolutiva de la personalidad de cada uno de los estudiantes de su respectiva institución, sustentado en que el ser humano es una unidad indisoluble biopsicosociocultural y en función de esos resultados planificar  programas conjuntos con los docentes, padres de familia, estudiantes, encaminados a la promoción, prevención y atención de la salud física y mental de los estudiantes, así como también de los estudios de casos que ameriten su respectiva atención y seguimiento profesional.

La historia de formación de docentes por parte de los desaparecidos Institutos Superiores Pedagógicos dejó un legado referencial de funcionamiento e integración de los llamados DOBE (Departamentos de orientación y Bienestar Estudiantil) con el proceso académico en función de la realidad institucional y de cada entorno sociocultural.

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