• 4 minutos de lectura
Durante más de medio siglo, la élite del café en Manta construyó una identidad basada en la riqueza, el prestigio y la diferenciación social. No se trataba únicamente de exportar grano hacia Estados Unidos o Europa; el negocio fue también una plataforma para modelar un estilo de vida que marcó distancia con el resto de la población.
La investigación doctoral de María Cuvi Sánchez, titulada «Los patriarcas del café: la formación de una élite en Manta (Ecuador) en la primera mitad del siglo XX», examina el poder económico y simbólico de estas familias y las razones de su desaparición.
Consumo y estética cosmopolita
El contacto permanente con el exterior, facilitado por el puerto de Manta, permitió a las casas exportadoras incorporar hábitos de consumo inusuales para la época.
En sus residencias circulaban chocolates suizos, vinos alemanes, quesos holandeses y jamones importados que llegaban en barcos vinculados al comercio del grano.
El whisky, los perfumes franceses y la ropa de lino italiano eran parte de una estética que imitaba modelos europeos y estadounidenses. Vestir y consumir se convirtió en una forma de afirmar el estatus, señala Cuvi.
Las viviendas reflejaban esa aspiración cosmopolita. En el barrio Córdova y, posteriormente, en el sur de la ciudad, se levantaron amplias mansiones con pisos de mármol, cristalería fina y muebles de estilo francés.
Los espacios estaban diseñados para la vida social, donde la cocina fusionaba productos locales con ingredientes de ultramar. En este escenario, las mujeres de la élite desempeñaron un papel central: aunque no participaban directamente en la gestión comercial, administraban el hogar como un teatro de prestigio, reforzando el capital simbólico de la familia.
El factor educativo y el desarraigo
La educación fue otro eje de diferenciación. Los patriarcas invirtieron cuantiosos recursos en enviar a sus hijos a universidades de prestigio en el extranjero. Estudiar fuera significaba aprender idiomas, establecer redes internacionales y adoptar nuevas prácticas culturales.
El regreso a Manta traía consigo electrodomésticos modernos, automóviles de lujo y una visión del mundo marcada por el American way of life (el estilo de vida estadounidense) es un concepto ideológico y cultural que nació a mediados del siglo XX, alcanzando su mayor auge tras la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, esta apertura generó un efecto inesperado: muchos descendientes optaron por radicarse fuera de la ciudad o del país, debilitando el arraigo familiar y el relevo generacional que había sostenido a las firmas en sus primeras décadas, indica la tesis de Cuvi..
Las fisuras del modelo
A inicios de los años setenta, el sistema comenzó a mostrar fisuras. Casa Álava se retiró del negocio; Casa Azúa y Casa Franco enfrentaron quiebras. Casa Balda resistió hasta los años ochenta, mientras que Casa Vera prolongó su actividad hasta la década siguiente, aunque con una influencia notablemente reducida. El declive no fue repentino, sino el resultado de factores acumulativos:
- Especulación y riesgo: Algunos exportadores almacenaban grandes volúmenes de café esperando mejores precios internacionales. Cuando las cotizaciones caían o el grano se deterioraba en los silos, las pérdidas eran devastadoras.
- Falta de innovación: Mientras otros países modernizaban sus procesos y apostaban por el valor agregado, las casas mantenses mantuvieron un modelo tradicional centrado en la exportación de materia prima.
- Competencia logística: El puerto de Guayaquil comenzó a concentrar infraestructura y servicios, reduciendo la ventaja comparativa de Manta.
El golpe final: Deuda y cambio de guardia
El golpe más severo llegó en 1982, con la devaluación del sucre y el incremento de las tasas de interés internacionales. Muchas empresas mantenían deudas en dólares que se volvieron impagables. Tras la muerte de figuras clave como Pedro Balda Cucalón, las estructuras familiares perdieron cohesión y liderazgo.
En paralelo, emergió una nueva élite vinculada a la industria atunera. Este sector, con capitales más modernos y tecnología transnacional, manejaba márgenes superiores. Las antiguas piladoras y patios de secado fueron desplazados por plantas frigoríficas y enlatadoras. El eje productivo de la ciudad cambió definitivamente.
Legado y memoria
El estilo de vida que distinguió a la élite cafetalera también influyó en su final. En la segunda y tercera generación, el ahorro y la prudencia de los fundadores dieron paso, en ciertos casos, a inversiones riesgosas y a un consumo ostentoso difícil de sostener, indica Cuvii
La época dorada del café fue intensa, pero breve. Su historia revela cómo la acumulación económica moldea estructuras de poder, y cómo la falta de adaptación a los nuevos contextos globales puede precipitar la caída incluso de los imperios más sólidos.