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La historia de Roy Sullivan, un guardabosques estadounidense conocido como el «pararrayos humano», se convirtió en uno de los casos más sorprendentes registrados por la ciencia debido a que sobrevivió al impacto de rayos en siete ocasiones distintas a lo largo de su vida. Los incidentes ocurrieron entre 1942 y 1977, principalmente en el estado de Virginia, Estados Unidos, donde trabajaba como parte del personal del Parque Nacional Shenandoah.
Sullivan nació en 1912 y dedicó gran parte de su vida al trabajo como guardabosques, una actividad que lo mantenía con frecuencia en áreas abiertas o boscosas durante tormentas eléctricas. De acuerdo con registros documentados, su primer encuentro con un rayo ocurrió en 1942, cuando se encontraba en una torre de observación forestal. En esa ocasión, el impacto no le causó heridas graves, aunque marcó el inicio de una serie de eventos poco comunes.
Roy Sullivan entregó su vida a los bosques
A lo largo de los años siguientes, Roy Sullivan volvió a ser alcanzado por rayos en diversas circunstancias relacionadas con su trabajo o actividades al aire libre. Los registros señalan que los incidentes ocurrieron en 1969, 1970, 1972, 1973, 1976 y 1977, sumando siete impactos en total.
Cada uno de estos episodios dejó diferentes consecuencias físicas. En algunos casos sufrió quemaduras en la piel, daños en el cabello o pérdida temporal del conocimiento, aunque logró recuperarse tras recibir atención médica. Uno de los incidentes más recordados ocurrió en 1973, cuando un rayo impactó su cabeza mientras conducía un vehículo.
El golpe provocó que su cabello se incendiara momentáneamente, aunque logró detenerse y apagar las llamas antes de sufrir daños mayores. Debido a la frecuencia con la que fue alcanzado por descargas eléctricas, su historia fue documentada y posteriormente incluida en el Libro Guinness de los Récords, donde se reconoce a Sullivan como la persona que más veces ha sobrevivido a impactos directos de rayos.
Murió en 1983 por situaciones a su avanzada edad
Especialistas en fenómenos meteorológicos señalan que la probabilidad de que una persona sea alcanzada por un rayo durante su vida es extremadamente baja, lo que hace que el caso de Sullivan sea considerado extraordinario. Durante años, el guardabosques relató que su trabajo en zonas montañosas y boscosas lo exponía con mayor frecuencia a tormentas eléctricas, lo que podría explicar parcialmente la repetición de estos eventos.
Roy Sullivan continuó trabajando durante gran parte de su vida en el parque nacional donde desarrolló su carrera profesional. Su historia ha sido citada en estudios sobre seguridad durante tormentas eléctricas y en investigaciones sobre los efectos de los rayos en el cuerpo humano. El guardabosques falleció en 1983 por situaciones de su edad, pero su caso sigue siendo uno de los registros más conocidos sobre supervivencia a impactos de rayos.