Rosalía conquistó Madrid con una experiencia escénica sin precedentes, fusionando tecno, ballet y misticismo en su esperado concierto en el Movistar Arena. La artista catalana ofreció una noche inolvidable este lunes 30 de marzo, marcada por la cercanía con su público y una producción teatral que dejó a más de 15.600 asistentes en éxtasis, divinizando la capital española con su arte.
A pesar de que la gira ya había revelado algunos detalles en redes sociales desde su inicio en Lyon, Francia, Rosalía logró crear una conexión personal con cada espectador. Interactuó y se acercó en múltiples ocasiones, mostrando una faceta natural y espontánea que resonó profundamente con la audiencia madrileña.
Escenografía de dos niveles y un arranque cinematográfico
El imponente escenario se dividió en dos niveles, ofreciendo una compleja puesta en escena. La londinense Heritage Orchestra, compuesta por una veintena de músicos, se ubicó en un foso central, mientras Rosalía dominaba la plataforma superior, un espacio dinámico que se transformaba constantemente a lo largo de la velada.
La noche se estructuró en cuatro actos, cada uno con una escenografía cambiante que sorprendió al público. Desde una inicial caja de muñecas hasta una elaborada recreación del Museo del Louvre y la sala de la Gioconda de Da Vinci, el escenario fue un personaje más en la narrativa del concierto.
El concierto arrancó con una revelación dramática. Unas pantallas blancas, que simulaban el reverso de un cuadro con la firma de la artista y la palabra ‘Lux’, dieron paso a un ejército de bailarines que liberaron a Rosalía de una caja, presentándola en el centro como una bailarina de juguete. Enfundada en un tutú y zapatillas de punta rosas, la artista inició la velada con ‘Sexo, violencia y llantas’ y ‘Reliquia’, replicando fielmente el comienzo de su disco ‘Lux’. El recinto rugió con cada movimiento de sus bailarines dándole cuerda.
La teatralidad fue el hilo conductor inicial, con Rosalía flotando por el escenario entre movimientos básicos de la danza, interpretando canciones delicadas como ‘Divinize’. Entre los asistentes destacados se encontraban figuras de la cultura española como el director de cine Pedro Almodóvar, el director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Manuel Segade, y la actriz Jedet, quienes no quisieron perderse la esperada cita.
Un confesionario en el escenario y momentos de cercanía
Uno de los momentos más íntimos y sorprendentes llegó cuando Rosalía se rodeó de sus admiradores, quienes actuaron como visitantes del Louvre, para interpretar ‘Can’t take my eyes off you’ caracterizada como la Mona Lisa. El escenario se transformó también en un confesionario, donde la youtuber Soyunapringada compartió sus pecados y experiencias personales, recibiendo una respuesta empática de la artista, quien le deseó «que ojalá no te cruces con una perla nunca más» antes de dar paso a la canción homónima.
La temática religiosa impregnó la puesta en escena durante toda la noche, desde el velo de ‘Mio Cristo piange diamanti’ hasta el foso de la orquesta en forma de cruz latina y un botafumeiro (famoso incensario gigante de la Catedral de Santiago de Compostela) de luz y humo que reinó sobre el corazón de la orquesta mientras Rosalía cantaba algunas canciones.
A medida que la noche avanzaba, la estética mutó hacia una línea más sensual. En su tema, ‘Saoko’, Rosalía abandonó el ballet clásico para lucir una peluca que imitaba el famoso peinado de María Antonieta mientras realizaba ‘twerk’ con una ropa interior rosa fucsia, marcando un cambio de vestuario y de energía. La energía del principio se transformó, con la versión tecno de ‘Berghain’, donde la artista se vistió completamente de negro con botas de cordones y un corsé abierto.
Superando obstáculos y la emoción de Madrid
La artista también compartió un momento personal, recordando la suspensión de su concierto en Milán el pasado 26 de marzo debido a una intoxicación alimentaria. Tras una hora de recital en aquella ocasión, confesó haber estado vomitando en el camerino y que le era imposible dar el mejor espectáculo. En Madrid, visiblemente recuperada, agradeció al público presente, confirmando que todo el malestar de Milán había quedado lejos en la primera de sus fechas en España.
La emoción fue palpable antes de ‘Mio Cristo Piange Diamanti’, cuando Rosalía, con los ojos llenos de lágrimas al recordar su amor por Madrid, tuvo que secarse con un pañuelo que había en el escenario, mostrando una vulnerabilidad que conectó aún más con sus seguidores.
Tras la fase electrónica, llegó el tercer acto con ‘El redentor’, cuando Rosalía se acompañó de las palmas y los cajones de Macarines, quienes la han acompañado desde ‘Los Angeles’. Con un vestido blanco semitransparente y guantes negros, se presentó como una pseudo estrella del rock, realizando un pequeño viaje en el tiempo antes de regresar a la atmósfera de ‘Lux’.
En ‘Sauvignon blanc’, Rosalía se tomó en serio la letra y brindó con una copa de vino blanco sentada encima de un piano, reconociendo que no tenía muchos vicios. Antes de comenzar a entonar la canción, se dirigió a una fan que le gritó que si no tenía muchos vicios era porque ella misma era uno.
Los seguidores de Rosalía asistieron a la celebración vestidos en su mayoría de blanco, con vestidos y faldas de telas vaporosas y de encaje. Algunos optaron por pañuelos en la cabeza en una clara referencia a la portada del último y cuarto disco de la artista, o halos teñidos en la coronilla, creando una atmósfera visual unificada.
La artista descendió de los cielos para cantar ‘Dios es un stalker’, caminando entre su público con unas enaguas y un tocado, rodeada por sus admiradores. Desde el corazón de la orquesta y bailando divertida, interpretó ‘La rumba del perdón’, pero el Movistar Arena se derrumbó con la locura electrónica de ‘CUUUUuuuuuute’.
El fin se acercaba con ‘Bizcochito’ y ‘Despechá’, mientras sus bailarines la rodeaban como ángeles con alas. «Me lo estoy gozando mucho», confirmó para después pasar a ‘Novia robot’, momento en que el Movistar Arena coreó «me pongo guapa para Dios».
Mientras se descalzaba, la artista alcanzó el éxtasis en el escenario con ‘Focu ‘ranni’, canción con la que se evaporó tras unas escaleras, dejando al público expectante.
El broche final llegó con ‘Magnolias’. Mientras terminaba de pedir al público que protegieran su nombre en su ausencia, Rosalía abandonó el escenario con la promesa de que, como la estrella que es, se convierte en polvo para volver a ascender, dejando una huella imborrable en Madrid.