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Desde la segunda semana de enero de 2026, los consumidores de Portoviejo han experimentado una reducción de hasta el 50 % en el precio del plátano, debido a un aumento significativo en la oferta proveniente de la zona de Quevedo.
Comerciantes locales, como Carlos Anchundia, confirman que esta saturación del mercado ha forzado a los productores de la provincia de Manabí a ajustar sus valores para mantenerse competitivos, permitiendo que la unidad de este producto básico retorne a precios accesibles para la población tras meses de encarecimiento.
El impacto en el comercio minorista
La dinámica de venta en los mercados de la capital manabita ha cambiado drásticamente en comparación con el último trimestre del año anterior. Actualmente, el plátano por menudeo se comercializa entregando hasta 11 y 12 unidades por un dólar, una cifra que duplica la oferta de hace apenas dos meses, cuando los usuarios recibían solamente entre cinco y seis unidades por el mismo valor.
Según los reportes de los vendedores del mercado central, un racimo que anteriormente se vendía entre 15 y 16 dólares, hoy se puede adquirir por 10 dólares. La variedad de precios es amplia, existiendo opciones que oscilan entre los 2 y 8 dólares por racimo, dependiendo del tamaño y la calidad del producto. Esta disponibilidad garantiza que ciudadanos de diversos estratos económicos puedan volver a incluir el plátano en su dieta diaria.
Las proyecciones para las próximas semanas son optimistas para el consumidor.
Los comerciantes vaticinan que, si la producción masiva se mantiene, los racimos de mayor tamaño podrían llegar a costar un mínimo de 7 dólares, consolidando la tendencia a la baja que se observa desde inicios del presente año.
Alivio en el presupuesto de las familias manabitas
Para los habitantes de Portoviejo, el plátano es un componente esencial de la canasta básica, especialmente en el horario del desayuno. Durante el periodo de precios elevados, ciudadanos como Israel Boadas se vieron obligados a buscar alternativas más económicas. Boadas relata que reemplazó el consumo de verde por productos como harina de maíz y harina de trigo para sustentar su alimentación.
En sectores de menores ingresos, el impacto del alza fue más severo. María Cedeño, jefa de hogar, señala que en su familia dejaron de consumir el producto cuando el mercado solo ofrecía tres o cuatro unidades por un dólar. La recuperación del precio actual representa un alivio financiero directo, permitiendo que hogares con presupuestos limitados retomen el consumo de platos tradicionales sin comprometer el gasto destinado a otros servicios básicos.
Este fenómeno de deflación en el costo del plátano no solo favorece el consumo doméstico, sino que impacta directamente en la seguridad alimentaria regional, considerando que Manabí es una de las provincias con mayor consumo per cápita de este producto en sus diversas preparaciones.

Reactivación del sector de emprendimientos
Otro sector beneficiado por la estabilización de los precios es el de los derivados del plátano. Junior Muñoz, emprendedor dedicado a la elaboración de bocaditos y chifles, explica que durante la crisis de precios el sector trabajó casi a pérdida. «En mi caso mantuve la calidad y la cantidad, pero los márgenes eran mínimos», afirma Muñoz, quien ahora ve una oportunidad de recuperación económica.
«Cuando estaba caro casi que trabajamos a pérdida. En mi caso mantuve la calidad y la cantidad. Con el precio bajo vamos a recuperarnos».
Junior Muñoz, productor de bocaditos de harina y plátano.
La reducción de costos en la materia prima permite que los pequeños industriales y emprendedores de snacks puedan recuperar sus niveles de rentabilidad. Esto dinamiza la cadena de valor que involucra desde el transportista hasta el vendedor final de productos procesados, fortaleciendo el microcomercio local que depende de la estabilidad de los insumos agrícolas.
Con la normalización de la oferta desde Los Ríos y la zona norte de Manabí, el mercado de Portoviejo proyecta un primer trimestre de 2026 con precios estables y competitivos, devolviendo la confianza tanto a comerciantes como a consumidores finales en los principales centros de abasto de la ciudad.