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La reciente publicación de millones de documentos vinculados a Jeffrey Epstein ha vuelto a exponer la capacidad del financista y delincuente sexual convicto para tejer relaciones con figuras de la élite política, académica y empresarial. Entre los nombres que emergen con fuerza destacan el del exjefe del Comité Noruego del Nobel, Thorbjørn Jagland, y el exasesor de la Casa Blanca Steve Bannon, aliado clave del entonces presidente Donald Trump.
El Nobel en la órbita de Epstein
Los archivos muestran que Jagland, quien presidió el Comité Noruego del Nobel entre 2009 y 2015, aparece mencionado cientos de veces en correos y mensajes de Epstein. El financiero no solo presumía haberlo recibido en sus residencias de Nueva York y París, sino que utilizaba su nombre como carta de presentación ante empresarios y líderes globales.
En mensajes dirigidos a figuras como el fundador de Virgin, Richard Branson, el exsecretario del Tesoro Larry Summers y el cofundador de Microsoft Bill Gates, Epstein subrayaba que «el jefe del Premio Nobel de la Paz» se alojaba con él. Aunque hasta ahora no hay evidencia de cabildeo directo para influir en la concesión del galardón, el simple hecho de exhibir esa cercanía reforzaba su aura de poder.
Durante el mandato de Jagland, el Comité otorgó el Nobel de la Paz a Barack Obama en 2009 y a la Unión Europea en 2012. Hoy, en Noruega, la situación del exdirigente ha dado un giro dramático: la unidad de delitos económicos Økokrim lo investiga por presunta «corrupción agravada», indagando si recibió regalos, viajes o préstamos vinculados a su cargo.
Jagland niega las acusaciones, mientras las autoridades registraron propiedades La conexión entre Jagland y Epstein se habría producido a través del diplomático Terje Rød Larsen, figura clave en los Acuerdos de Oslo entre Israel y los palestinos. Larsen y su esposa también enfrentan cargos relacionados con su asociación con el financista.
De invitado «interesante» a aliado político
Si los vínculos con el Nobel reforzaban el prestigio social de Epstein, su relación con Bannon revela una dimensión más abiertamente política.
Mensajes intercambiados en 2018 y 2019 muestran a Bannon buscando apoyo de Epstein para impulsar su agenda nacional-populista en Europa y Estados Unidos. En uno de los textos más llamativos, Bannon escribió: «Derrocaré al Papa Francisco. Los Clinton, Xi, Francisco, la UE… ¡Vamos, hermano!».
El objetivo era claro: debilitar la influencia del Papa Francisco, a quien Bannon consideraba un obstáculo para su visión «soberanista». El pontífice había criticado duramente el nacionalismo excluyente y defendido la acogida a migrantes, posicionándose como contrapeso moral frente al auge populista.
Los archivos sugieren que Epstein no solo escuchaba, sino que potencialmente ofrecía apoyo logístico o financiero. Bannon incluso insinuó que el financista podría convertirse en productor ejecutivo de una adaptación cinematográfica del libro En el armario del Vaticano, del periodista francés Frédéric Martel, una obra polémica que examinaba la homosexualidad y el secretismo en la jerarquía eclesiástica.
El autor, sin embargo, aseguró que no aceptó ningún acuerdo y que los derechos ya estaban comprometidos.
El laboratorio romano
La estrategia de Bannon incluía Roma como centro de operaciones. Durante su etapa al frente de Breitbart News, instaló una oficina en la capital italiana y promovió la creación de una academia de formación política en la histórica Certosa di Trisulti, un monasterio del siglo XIII. El proyecto, impulsado junto al británico Benjamin Harnwell, pretendía formar líderes nacionalistas-populistas en defensa de los «valores judeocristianos».
El Vaticano observaba con inquietud estos movimientos. El jesuita Antonio Spadaro, cercano colaborador del Papa, afirmó que los mensajes revelan un intento de fusionar «autoridad espiritual con poder político para fines estratégicos». Para críticos dentro de la Iglesia, la ofensiva contra Francisco no era solo ideológica, sino parte de una lucha más amplia por el rumbo del catolicismo en tiempos de polarización global.
Redes, poder y escándalo
Lo que emerge de los documentos no es una conspiración única, sino un mosaico de conexiones que ilustran cómo Epstein cultivó relaciones en distintos niveles: académico, diplomático, empresarial y político. Su capacidad para atraer a personalidades influyentes, incluso después de su condena en 2008 por delitos sexuales contra menores, plantea preguntas sobre la tolerancia de las élites hacia figuras con poder y recursos.
En el caso de Jagland, la investigación noruega determinará si existió intercambio indebido de favores. En el de Bannon, los mensajes revelan una afinidad estratégica con un hombre cuya reputación ya estaba profundamente cuestionada.
Jeffrey Epstein fue encontrado muerto el 10 de agosto de 2019 en su celda del Centro Correccional Metropolitano de Nueva York, donde esperaba juicio por cargos federales de tráfico sexual de menores. Aunque la autopsia oficial del médico forense de Nueva York y las investigaciones del Departamento de Justicia (DOJ) concluyeron que la causa fue suicidio por ahorcamiento. (10).