claves para una mejor gestión – La Voz del Altiplano

La serie de medidas urgentes de control que el gobierno nacional ha dispuesto últimamente, mantienen en sobresalto e incertidumbre a todos los habitantes de este convulsionado país.

A la ya arraigada presencia mortal del crimen organizado, del narcoterrorismo y la intestina lucha política, la dureza de la naturaleza se hace presente para contribuir a la agitada situación comunitaria.

La emergencia es una de las medidas que con mayor asiduidad el gobierno ha utilizado, buscando solucionar las graves crisis que causan, por ejemplo, los fenómenos naturales.

El estado de excepción es la segunda medida adoptada por el Ejecutivo del joven presidente Daniel Noboa, como un régimen especial en su intento por controlar las acciones que amenazan la estabilidad del orden establecido.

Y el toque de queda, estado vigente en cuatro provincias donde sus habitantes están impedidos de circular libremente durante seis horas noche-madrugada.

Revisando: un estado de emergencia es una situación de crisis que requiere medidas especiales; un estado de excepción es un régimen que suspende algunos derechos y garantías; y un toque de queda es una disposición restrictiva mayor que se impone para mantener el orden público. 

Con la aplicación de estos «estados», el gobierno se la juega al todo por el todo, en franca guerra contra las manifestaciones del crimen, del narcoterrorismo local alimentado por poderosas fuerzas del mal extranjeras, según sus principales autoridades.

Pero, en todo esto ¿cuál debe ser la participación o reacción ciudadana, en cuyo nombre y seguridad el gobierno, dice, enfrenta a los malos?

Concomitante con las intenciones del gobierno, la actitud de la ciudadanía frente a la emergencia, estado de excepción y el toque de queda, por lo crucial de su comprensión para la seguridad y el bienestar de todos, debe ser de apoyo. Lógico, si se busca proteger a quienes puedan verse afectados por cualquier amenaza, es de esperar que los beneficiarios cooperen y cumplan con las medidas establecidas para garantizar el orden público. Además, que actúen con responsabilidad y solidaridad, que ayuden a quienes lo necesitan, que tomen las precauciones y sean prudentes y cautelosos en movimientos y expresiones, para no causar confusión sobre las medidas adoptadas, en especial el respeto a las autoridades y a sus consignas. Recordemos que el fin —que es lograr la seguridad de todos— está altamente ligado a la cooperación y entendimiento entre ciudadanía y funcionarios.

Sin embargo, de manera indudable, aquello depende del alto grado de información que se brinde a la ciudadanía, específicamente sobre las razones del estado de emergencia, de excepción o toque de queda, para que entienda que las medidas que se están tomando son por el bienestar de la comunidad. De lo contrario, ararán en el mar.

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