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El trombón quedó en silencio. Con la muerte de Willie Colón la salsa pierde a uno de sus arquitectos mayores, el hombre que tomó el pulso de la calle y lo convirtió en un sonido inconfundible.
Nacido el 28 de abril de 1950 como William Anthony Colón Román, hijo de padres puertorriqueños y criado en el sur del Bronx, Colón fue nieto de migrantes que cargaron la isla en la memoria y en la lengua.
Según recuerda la Fundación Nacional para la Cultura Popular, fue su abuela Antonia quien le enseñó español y le inculcó los símbolos de la cultura boricua. En aquellas calles marcadas por la migración latina, la precariedad y la música caribeña, el joven Willie encontró su destino.
De la trompeta al trombón
Primero fue la trompeta. Pero pronto cambió de instrumento y abrazó el trombón, que terminaría siendo su sello. Con él impulsó el sonido potente y agresivo que marcaría la salsa urbana nacida en Nueva York a finales de los años sesenta. Mientras figuras como Eddie Palmieri, Tito Puente y Ray Barreto consolidaban el nuevo género, Colón tocaba en las esquinas del Bronx, absorbiendo jazz, son, mambo y chachachá.
Su debut discográfico llegó temprano. En 1967, con apenas 16 años, grabó «El Malo», un álbum que ya dejaba ver el carácter desafiante que lo acompañaría siempre. Allí comenzó su histórica alianza con Héctor Lavoe, uno de los binomios más explosivos del sello Fania Records, fundado por Johnny Pacheco y Jerry Masucci.
Lavoe aportó la voz de la calle y la irreverencia; Colón, la visión musical y la audacia instrumental. Juntos crearon una estética de «chicos malos» que arrasó en ventas y definió una época. Canciones como «Calle Luna, calle Sol», «La murga» y «Juana Peña» se convirtieron en himnos de barrio. El trombón sonaba como una sirena urbana: áspero, directo, inolvidable.
Su trabajo junto a Rubén Blades
En 1977, Colón abrió un nuevo capítulo al presentar discográficamente a Rubén Blades en «Metiendo Mano». De esa sociedad surgirían obras fundamentales como «Maestra vida» y, sobre todo, «Siembra», considerado el álbum más vendido en la historia de la salsa. La pieza central, «Pedro Navaja», narró con aliento existencialista la historia de un gánster latino en clave de crónica social, demostrando que la salsa podía ser también literatura urbana.
Con Blades, Colón exploró letras de fuerte contenido político y social. La salsa dejó de ser solo ritmo bailable para convertirse en espejo de la realidad latinoamericana. Tras conocerse su fallecimiento, el músico panameño expresó en redes sociales su pesar y prometió escribir con calma sobre el «vital e importante legado musical» de su compañero.
Un creador permanente
Pero Willie Colón no se detuvo allí. Como solista, amplió horizontes y fusionó sonidos. Temas como «El Gran Varón», «Oh, Qué Será» y «Amor Verdadero» consolidaron su versatilidad. A lo largo de su carrera acumuló más de 40 producciones, alrededor de 30 millones de copias vendidas, 15 discos de oro, cinco de platino y 11 nominaciones al Grammy.
Desde el Bronx proyectó la salsa hacia el Caribe y más allá del continente. Transformó el trombón en voz narrativa de los barrios latinos y elevó la crónica callejera a categoría musical. Hoy, mientras la noticia enluta al mundo latino, su obra sigue sonando en cada esquina donde un tambor y una conga dialogan con la memoria.
El trombón calló, pero la ciudad que ayudó a cantar no lo hará jamás.