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En una entrevista para Manavisión Plus, la abogada y exlegisladora Marjorie Chávez abordó los desafíos estructurales del país. Desde la pérdida de competitividad frente a Colombia hasta la crisis institucional en Guayaquil, Chávez enfatizó la necesidad de decisiones técnicas y una diplomacia activa para frenar el perjuicio a sectores productivos, como el platanero en Manabí.
– Comencemos hablando de la guerra comercial Ecuador-Colombia. ¿Hasta cuándo se soluciona este tema, abogada?
Nuestro país enfrenta varios debates simultáneos que hacen que cada uno sea más complejo: justicia, comercio, seguridad y recursos naturales. Hoy, el tema de Colombia nos genera preocupación, sobre todo en las fronteras. No podemos darnos el lujo de perder competitividad y lamentablemente lo estamos haciendo. El país vecino también pasa un momento complejo, incluso electoral, y todo toma un tinte diferente con una narrativa que complica las cosas.
-En la provincia de Manabí, en El Carmen, los agricultores están perdiendo cajas de plátano que estaban en 9 dólares y hoy están a un dólar. ¿Cómo debería actuar la diplomacia?
Pongamos en contexto, Colombia pone aranceles del 30% a ciertos productos ecuatorianos y esto genera un riesgo de escalada comercial. Si los dos países se imponen aranceles, se produce una suma negativa; pierden exportadores y consumidores, y se encarecen los productos. Las guerras comerciales entre vecinos nunca van a tener ganadores. Es el momento de tomar decisiones no solo desde la diplomacia, sino desde el sentido común y la vocación de servicio.
-Sobre el conflicto en Medio Oriente y el precio del petróleo, ¿qué repercusiones fiscales habría para Ecuador?
Es una paradoja: Ecuador exporta petróleo, pero importa combustibles refinados. Cuando sube el precio del crudo, también suben los precios de los combustibles que importamos, generando presión fiscal adicional por los subsidios. Necesitamos discutir con seriedad nuestra seguridad energética, inversión en exploración y modernizar la refinación. Sin reglas claras que atraigan inversión, no veremos cambios a corto plazo.
-Pasando al plano judicial, el caso del alcalde Aquiles Alvarez, ¿es persecución o aplicación de justicia?
Este es uno de los casos de mayor impacto político por tratarse de un alcalde de una de las principales ciudades, vinculado a un partido y al tema de combustibles subsidiados. La justicia debe investigar con independencia y debido proceso. El país necesita justicia sin espectáculo; si hubo delitos, deben sancionarse, pero si convertimos cada proceso en una guerra política, las instituciones se debilitan.
-Desde el Concejo de Guayaquil se sugiere que, por ética, el alcalde debería dar un paso al costado. ¿Qué opina usted?
Conozco bien a la concejal Ana Chóez y creo que hace un gran trabajo. Más allá de lo administrativo o lo que establece el COOTAD, creo que es un tema que pasa por lo ético y lo moral. Lo correcto sería que dé un paso al costado para solucionar sus problemas y permitir que la ciudad retome la normalidad. Guayaquil hoy es un escenario de incertidumbre administrativa.
-En seguridad, ¿ha cumplido el gobierno o hay tareas pendientes?
La crisis de seguridad sigue siendo el tema central. Los intentos no son suficientes. El problema tiene dimensiones como el narcotráfico, economías criminales (minería, petróleo) y debilitamiento institucional. La solución requiere inteligencia criminal y fortalecer el sistema judicial. La seguridad no puede depender del ciclo político; debe ser una política de Estado sostenida en el tiempo.
-¿Debe seguir la cooperación con el Comando Sur de EE.UU. de manera recurrente?
Por supuesto. La seguridad no es un debate ideológico ni de un momento. Si las cifras muestran reducción de ciertos delitos o aumento de otros, deben tomarse medidas. La percepción ciudadana no siempre se mueve a la velocidad de las estadísticas; la confianza se genera con un trabajo sostenido de todos los actores.
-Sectores de oposición hablan de «injerencia» de los Estados Unidos. ¿Lo ve así?
La cooperación con otros países no es algo nuevo. Ha existido en distintos momentos y es útil para enfrentar amenazas complejas como el narcotráfico. Lo importante es que se mantenga bajo control, con transparencia y dentro del marco constitucional. Una cosa es cooperación operativa y otra convertir al país en un centro extranjero; hoy en día, esto aporta mucho al momento que vivimos.
-¿Sigue vinculada al Partido Social Cristiano o participará en las próximas elecciones?
No participo activamente en política electoral en estos últimos procesos, pero sigo vinculada trabajando desde la sociedad civil y mi actividad privada. No descarto que me vuelvan a ver en política electoral; seguimos trabajando para tomar decisiones con base en preparación y experiencia. El objetivo es que la ciudadanía tome mejores decisiones.
-¿Cómo analiza la situación actual de Quito y su liderazgo?
Quito tiene un vacío de liderazgos. Hay figuras que resaltar, pero como ciudadanía debemos ser capaces de aglutinarnos en torno a líderes con legitimidad electoral. Si tenemos liderazgos que ganan con un 18% o 20%, eso genera falta de legitimidad y se ve en la gestión. El mayor elemento de rendición de cuentas es el voto, para premiar o no lo que se ha hecho.