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En la arquitectura económica actual de los bancos en Ecuador, la calificación crediticia —o score— constituye la carta de presentación más crítica para cualquier ciudadano. A menudo, el término «central de riesgos» se percibe como un estigma punitivo; sin embargo, técnicamente se trata del Registro de Datos Crediticios, un historial que refleja el comportamiento de pago de los últimos 36 meses.
Estar en este registro es inevitable si se ha interactuado con el sistema, pero la calidad de la calificación (que oscila entre 1 y 1.000 puntos) determina si el usuario es un sujeto de crédito elegible o si representa un riesgo elevado para la institución. Bajo el amparo del Artículo 152 del Código Orgánico Monetario y Financiero (COMF), los usuarios de bancos y otras entidades financieras tienen el derecho irrenunciable a la transparencia informativa y a servicios de calidad, lo que incluye la posibilidad de rehabilitar su imagen financiera mediante una gestión proactiva de sus pasivos.
Método para mejorar la calificación crediticia
La recuperación del perfil de riesgo no es una gestión administrativa de «borrado de datos», sino una reingeniería del flujo de caja. Evelyn Uquillas, especialista en educación financiera del sector privado, propone una metodología estructural para aquellos deudores que enfrentan una calificación deteriorada. El primer pilar de esta estrategia es la identificación de gastos innecesarios.
Esto requiere una auditoría profunda de los estados de cuenta para detectar rubros ociosos que erosionan la liquidez sin generar valor real, tales como membresías de servicios no utilizados o suscripciones digitales olvidadas. El objetivo, según la especialista, es visibilizar fugas de capital que, sumadas, representan un porcentaje significativo del ingreso mensual.
¿Cómo administrar las deudas con las entidades financieras?
Una vez detectadas estas ineficiencias, el segundo paso es la reducción y ahorro. Al eliminar estos «gastos fantasma», se libera una capacidad de pago que anteriormente se consideraba inexistente. Esta liquidez recuperada no debe ser reabsorbida por el consumo corriente, sino que debe tener un destino estratégico: el pago dirigido a la deuda.
Al atacar directamente el saldo insoluto de la obligación que genera la mora, el usuario detiene la capitalización de intereses —práctica regulada y limitada por el COMF para evitar el anatocismo— y envía una señal de cumplimiento al sistema. Esta acción es fundamental para iniciar la recuperación progresiva del historial, ya que el reporte crediticio es una fotografía dinámica que se actualiza mes a mes según los reportes de los bancos.
La recuperación es un proceso
El proceso no concluye con un pago único, sino que exige volver al inicio constantemente, ajustando el presupuesto y manteniendo la decisión firme de mejorar la situación patrimonial. La Ley de Alivio Financiero faculta a las entidades a ofrecer planes de refinanciamiento que, sumados a la disciplina personal, permiten que el deudor recupere su estatus de «cliente AAA». Al elevar el puntaje, los usuarios de bancos no solo recupera el acceso al crédito, sino que se posiciona para negociar tasas de interés más bajas y plazos de financiamiento que se ajusten a sus metas de largo plazo en este 2026.