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Este 5 de abril de 2026, la Iglesia Católica celebra el Domingo de Resurrección, la festividad más solemne del calendario litúrgico que pone fin al Triduo Pascual.
La vuelta a la vida de Jesús es el motor de la fe católica, que siguen más de 1.400 millones de personas.
¿Qué dice la Biblia sobre el Domingo de Resurrección?
Según los relatos bíblicos de los cuatro Evangelios, al amanecer del tercer día tras la crucifixión, un grupo de mujeres, encabezado por María Magdalena, acudió al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús con perfumes, encontrando que la piedra del sepulcro había sido removida y el cuerpo no estaba en su lugar.
El significado bíblico de este suceso se centra en la confirmación de la divinidad de Jesucristo y el cumplimiento de las promesas de redención. Según la escritura, un ángel anunció a las mujeres que Jesús había resucitado, tal como lo había predicho. Este evento es interpretado teológicamente como el triunfo de la luz sobre las tinieblas y de la vida sobre el pecado y la muerte, otorgando a los creyentes la esperanza de la vida eterna.
La importancia de esta jornada es tal que la Iglesia considera que «si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe».
El Domingo de Pascua no es solo el final de la Pasión, sino el inicio de una nueva etapa para la humanidad. La resurrección valida el mensaje de amor y sacrificio de Jesús, convirtiéndose en el pilar sobre el cual se construye toda la estructura de la doctrina cristiana.
Celebración litúrgica y el mensaje ‘Urbi et Orbi’
La conmemoración del Domingo de Resurrección se vive con un carácter festivo y de júbilo. En todos los templos católicos se celebra la Misa de Pascua, donde el color litúrgico es el blanco o el dorado, simbolizando la alegría y la pureza.
Durante la ceremonia, se vuelve a encender el Cirio Pascual, que representa la presencia de Cristo resucitado entre su pueblo, y se entona solemnemente el Aleluya, canto que fue omitido durante toda la Cuaresma como signo de penitencia.
Uno de los momentos más destacados a nivel global ocurre en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Allí, el papa preside la misa ante miles de peregrinos y, posteriormente, imparte la bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo). En este mensaje, el pontífice suele reflexionar sobre la paz mundial y la esperanza que brota de la resurrección, enviando saludos en decenas de idiomas a los fieles de los cinco continentes.
En muchas regiones, la jornada también incluye la tradición de las procesiones del Encuentro, donde las imágenes de Cristo Resucitado y la Virgen María se reúnen en un punto central del pueblo o ciudad, simbolizando el reencuentro de Jesús con su madre. Este acto suele estar acompañado de música, campanas y, en algunos países, el estallido de fuegos artificiales, reforzando el ambiente de victoria y celebración comunitaria.
La Octava de Pascua y la vida nueva
El Domingo de Resurrección no es una celebración aislada, sino que inaugura el Tiempo de Pascua, un periodo de cincuenta días que culminará con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés.
Los primeros ocho días de este tiempo se conocen como la Octava de Pascua, y se celebran con la misma solemnidad que el día de la Resurrección, subrayando que la alegría de este misterio no puede agotarse en una sola jornada.