Régimen desesperado busca atraer empleos de Zonas Francas – La Voz del Altiplano

La Asamblea Nacional bajo control absoluto del sandinismo, aprobó este jueves 9 de abril una reforma a la Ley de Zonas Francas de Exportación, según dijeron, con el fin de «impulsar la inversión, dinamizar las exportaciones y fortalecer la producción nacional». También aseguran que esto atraerá «empleos».

La reforma consiste en establecer una excensión del 100% del Impuesto sobre la Renta y de los impuestos sobre los dividendos de los socios de estas empresas de manera indefinida, con previa autorización de la Comisión Nacional de Zonas Francas. Anteriormente esta excensión estaba vigente solo por los primeros 15 años de operación de la empresa.

«Con a aprobación de esta ley Nicaragua se posiciona como el país con el marco de incentivos más competitivos de la región, facilitando la operatividad de multinacionales», dijo el diputado sandinista José Figueroa, vicepresidente de la Comisión de Economía y Presupuesto.

Figueroa también aseguró que el enfoque principal de esta reforma es atraer más a las empresas de zona franca que han funcionado como un «gran atractivo a la inversión extranjera directa y la generación de empleo formal».

Y es que según el economista Marco Aurelio Peña no es de extrañar que el régimen Ortega-Murillo esté desesperado por recuperar inversiones en el sector de zonas francas, ya que «operaban hasta hace no mucho casi 200 empresas de zonas francas, de las cuales, ahora solo quedan casi 170, es decir casi 30 se han ido del país».

Peña dice que la salida de estas empresas implicó la pérdida de más de 40 mil empleos y que su decisión de dejar Nicaragua se debe a la falta de seguridad jurídica reflejada principalmente en las confiscaciones masivas y el sometimiento del Poder Judicial a la presidencia mediante ley.

«Los inversionistas no están dispuestos a poner su dinero en un país con un riesgo político alto», indica Peña. Considera que los inversionistas van a preferir la seguridad jurídica que les ofrece Guatemala, Costa Rica o Panamá.

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Los empleos de zona franca son los más atractivos para ciertos inversionistas que buscan pagar bajos salarios y establecer largas jornadas, sin embargo, no es lo deseable para el sector trabajador nicaragüense que aspira a empleos dignos que respeten sus derechos laborales.

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La zona franca en la que este joven trabajó era dirigida por empresarios chinos, La empresa Handsome de Saratoga, halagada en varios reportes periodísticos del oficialismo. Relata que las jornadas eran extenuantes, de 7 de la mañana a 5 de la tarde y solo les permitían media hora para almorzar a medio día.

«Era un fogueo brutal y literal desde que sonaba el timbre iban contando esa media hora y el montón de gente saliendo a comer, con costo podía medio tragar uno», relata.

Era un trabajo por el cual ganaba un poco más de cinco mil córdobas mensuales.

Finalmente dice que no duró más que dos meses porque los supervisores, que eran nicaragüenses, los trataban muy mal, les regañaban todo el tiempo y eran ofensivos y a veces hasta les agredían físicamente.

«Uno de los jefes de línea me vivía regañando, ni agua me dejaban beber, era full estar en esa máquina y yo un día me enojé por que me pegaron una regañada que hasta hijo de p… me dijo, entonces renuncié», denuncia el joven.

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Un rezago ocupacional de casi una década

El economista Marco Aurelio Peña reconoce que son este tipo de trabajos los que predominan en el régimen de zonas francas y que a la dictadura no le importa velar por los derechos laborales, porque su interés es levantar las estadísticas a cualquier costo. «Defienden los derechos de los trabajadores en el discurso, pero no en la práctica», enfatiza.

Y es que la economía no termina de regresar a los índices de crecimiento previo a la crisis de abril de 2018. El Instituto Nicaragüense de Seguridad Social INSS reportaba 914, 200 puestos de trabajo formal en 2017 y en 2024 esa cifra era de 802, 814. «Es decir, hay un rezago ocupacional en empleo formal de casi diez años», señala Peña.

Otra cosa que destaca el economista es que aunque la inversión extranjera directa ha aumentado con relación a antes del estallido social, esta no está generando la misma cantidad de empleos de aquellos años. En pocas palabras, el régimen Ortega-Murillo está deseserado por sostener la imagen de una economía próspera que se ve a nivel macro, pero que en la realidad de cada nicaragüense cuenta una historia distinta.


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