Históricamente el cacao ha sido uno de los símbolos económicos del Ecuador. La denominada «pepa de oro» no solo ha definido la identidad agrícola del país, sino también la esperanza económica de miles de productores rurales. Sin embargo, el comportamiento reciente de los precios internacionales demuestra que el mercado del cacao es una montaña rusa donde la euforia suele ir seguida de la incertidumbre.
A finales de 2023, 2024 y parte de 2025 el cacao vivió un auge extraordinario. Creando una ilusión de bonanza, expansión. El precio en el mercado internacional pasó de alrededor de 3.500 dólares por tonelada a más de 10.000 y llegó hasta 12.000 dólares, lo que marcó un récord histórico impulsado por la escasez de producción en África Occidental, problemas climáticos y enfermedades en los cultivos.
El incremento de precios generó una reacción inmediata en América Latina y especialmente en Ecuador, cortar plantaciones de otro tipo para sembrar más cacao. El país ya contaba con cerca de 500.000 hectáreas cultivadas, pero la superficie comenzó a expandirse rápidamente hasta acercarse a 700.000 hectáreas, motivada por la expectativa de precios altos. Como sucede en los ciclos agrícolas, la bonanza trae consigo un riesgo, la sobreoferta futura. A medida que nuevas plantaciones entran en producción, un proceso que tarda entre tres y cinco años, al mismo tiempo, el mercado global empieza a corregirse. Hoy el precio internacional ya muestra una tendencia a la baja respecto a 2023. Después de haber superado los 12.000 dólares por tonelada, cayó en un 30 % y sigue su descenso, aunque todavía superiores al promedio histórico de unos 2.700 dólares por tonelada.
Los grandes beneficiarios del auge inicial fueron los exportadores, los intermediarios y, en menor grado, los productores que lograron vender en el momento más alto del mercado. También se benefició la economía nacional, que llegó a registrar miles de millones en exportaciones de cacao y a convertirlo en el tercer producto de exportación del país.
La caída golpea al pequeño productor que sembró motivado por el boom. Algunos ampliaron sus cultivos con créditos, inversiones en fertilizantes o compra de tierras. Si el precio sigue a la baja el margen de ganancia se reducirá drásticamente.
La lección para el Ecuador es contundente, no basta con producir más cacao. El verdadero desafío es industrializarlo, transformarlo y agregar valor. De lo contrario, el país seguirá dependiendo de los ciclos volátiles de las materias primas. En la economía agrícola, los precios altos no son eternos, lo eterno debería ser la visión estratégica.