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Este jueves 12 de marzo de 2026, en el marco del Día Mundial del Riñón, la comunidad médica internacional ha encendido las alarmas ante lo que denominan la «epidemia silenciosa».
Se trata de la enfermedad renal crónica, que se caracteriza por no presentar síntomas claros hasta que el daño es severo, afectando actualmente a cerca del 10% de la población mundial.
Según los expertos, la clave para frenar esta tendencia no solo está en los hospitales, sino en la corrección de cinco hábitos cotidianos que pasan desapercibidos pero son altamente lesivos.
El peligro del sodio y la automedicación
El primer factor de riesgo es el consumo excesivo de sal y alimentos procesados. El sodio obliga a los riñones a realizar un esfuerzo mayor para filtrar el exceso, lo que con el tiempo genera hipertensión arterial, la segunda causa principal de insuficiencia renal.
En estrecha relación aparece el segundo hábito: el uso indiscriminado de analgésicos de venta libre, como el ibuprofeno y el naproxeno. Muchas personas consumen estos fármacos para dolores leves de forma crónica, sin saber que reducen el flujo sanguíneo hacia los riñones, causando daños irreversibles conocidos como nefritis intersticial.
El tercer hábito dañino es la hidratación insuficiente. No beber la cantidad necesaria de agua dificulta que el sistema renal elimine toxinas y desechos metabólicos, favoreciendo la formación de cálculos renales e infecciones urinarias recurrentes que cicatrizan el tejido renal.
Los médicos subrayan que el agua natural es insustituible y que las bebidas azucaradas o energéticas, lejos de hidratar, complican la filtración debido a su alta carga de solutos.
Sedentarismo y control metabólico
Como cuarto punto, los especialistas destacan el sedentarismo y la mala alimentación, factores que derivan en diabetes tipo 2 y obesidad.
La diabetes es, a nivel global, la causa número uno de ingreso a unidades de diálisis. Cuando los niveles de glucosa en sangre son altos, actúan como un «ácido» que destruye los pequeños filtros del riñón (glomérulos). El ejercicio regular y un peso controlado son las barreras de defensa más efectivas para mantener la presión arterial en niveles óptimos.
Finalmente, el quinto hábito es el tabaquismo. Aunque suele asociarse únicamente con los pulmones, fumar ralentiza el flujo sanguíneo hacia los órganos vitales, incluyendo los riñones. En personas que ya tienen una predisposición genética o alguna patología base, el tabaco acelera la progresión hacia una falla renal total.
Prevención: El examen de orina y sangre
La detección temprana es sencilla y económica. Un examen de creatinina en sangre y un análisis de orina pueden revelar si los riñones están funcionando correctamente.
En este Día Mundial del Riñón, el lema se centra en la equidad y el acceso al tratamiento, pero sobre todo en la conciencia de que estos órganos son filtros vitales que, una vez dañados, no suelen recuperarse por completo.
Adoptar cambios hoy es la única forma de evitar la dependencia de una máquina de diálisis en el futuro.