• 3 minutos de lectura
Durante décadas, el Índice de Masa Corporal ha sido la referencia rápida para determinar si una persona tiene un peso saludable. Una fórmula sencilla, una cifra y una etiqueta: bajo peso, normal, sobrepeso u obesidad.
Pero esa aparente simplicidad podría estar ocultando una realidad más compleja. Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Módena y Reggio Emilia vuelve a poner en entredicho este sistema ampliamente utilizado, al evidenciar que una proporción significativa de personas está mal clasificada.
Más allá de la báscula: lo que realmente importa es la grasa
El problema central del IMC es conocido, pero ahora cobra más fuerza: no mide directamente la grasa corporal. Solo relaciona el peso con la estatura, sin distinguir entre músculo, grasa o distribución corporal.
Para profundizar en esta limitación, los investigadores compararon el IMC con una técnica mucho más precisa: la absorciometría de rayos X de doble energía (DXA), considerada el estándar de referencia para medir la composición corporal.
Los resultados fueron reveladores: muchas personas clasificadas como con sobrepeso u obesidad según el IMC no tenían realmente ese nivel de grasa corporal, y viceversa.
Errores que cambian diagnósticos
El análisis incluyó a 1.351 adultos y mostró cifras contundentes:
- Más del 34% de quienes eran considerados obesos por IMC en realidad tenían solo sobrepeso.
- En el grupo de sobrepeso, el error fue aún mayor: más de la mitad (53%) estaban mal clasificados.
- Incluso entre quienes tenían «peso normal», un 22% pertenecía a otra categoría real según su grasa corporal.
En términos generales, el estudio concluye que más de un tercio de la población analizada estaba en la categoría equivocada.
El investigador Marwan El Ghoch lo resume con claridad: el sistema actual puede ubicar a muchas personas en un estado de peso incorrecto, lo que afecta tanto diagnósticos como decisiones médicas.
El riesgo de confiar solo en un número
Aunque el IMC sigue siendo útil por su rapidez y bajo costo —y continúa siendo utilizado incluso por la Organización Mundial de la Salud—, los expertos advierten que puede ser engañoso si se usa de forma aislada.
La investigadora Chiara Milanese señala que dos personas con el mismo IMC pueden tener composiciones corporales completamente distintas, lo que cambia su verdadero estado de salud.
Esto explica por qué alguien puede tener un IMC «normal» pero un exceso de grasa, o al contrario, ser catalogado con sobrepeso cuando en realidad tiene alta masa muscular.
¿Qué debería cambiar ahora?
Los especialistas proponen un enfoque más completo: combinar el IMC con otras mediciones como:
- Porcentaje de grasa corporal
- Circunferencia de cintura
- Relación cintura-estatura
- Pliegues cutáneos
El objetivo es dejar atrás la dependencia exclusiva de una fórmula y avanzar hacia una evaluación más precisa del cuerpo.
Una alerta que va más allá de Europa
Aunque el estudio se realizó en población europea, los expertos advierten que el problema podría replicarse en otras regiones del mundo. Esto abre la puerta a revisar las guías de salud pública y adaptar los métodos de evaluación a realidades más diversas.
El IMC no desaparece, pero ya no puede ser la única respuesta. En un contexto donde la salud va más allá del peso, entender qué hay detrás del número —especialmente la grasa corporal— se vuelve clave.
Porque, como demuestra la ciencia, no todo lo que parece «normal» en la báscula lo es en el cuerpo.