Superando la Tragedia: Lecciones para el Futuro – La Voz del Altiplano

Soy de mi ciudad porque soy portovejense de cepa. Sin andar husmeando en absoluto nada, vivo mi vida —seguramente al borde del abismo— con mesura, procurando no asustarme ni sorprenderme por nada, para que la buena salud de la que aún gozo no se interrumpa. A esta edad asumo que soy un prolijo cuidador de ella. Vivo en paz, sin que me falte ni me sobre nada, pues me preparé, de muchas formas, para que la vejez no sea un estorbo para nadie, ni para mí mismo.

Pero, de pronto, esa paz que invoco diariamente y que para mí es una manera de agradecer a la vida por sus encantos, se vio súbitamente interrumpida por una noticia fatal, una tragedia en todas sus formas y desde cualquier ángulo que se la mire. En esto de vivir no sabemos, en realidad, qué nos espera más tarde, y mucho menos cuando los humanos vivimos y morimos atados a alguna ilusión impalpable. Recuerdo a la inmejorable Virginia Woolf en estas palabras: El amor es una ilusión, una historia que una construye en su mente, consciente todo el tiempo de que no es verdad, y por eso pone cuidado en no destruir la ilusión.

La época navideña es, de hecho, una ilusión especial para todos, porque nadie se excluye de esa celebración universal. En ese ámbito, que crea a propósito ilusiones disfrazadas de mil maneras y que, de alguna forma, nos acogen el vivir, ocurrió lo impensable. En un hogar de Portoviejo, la familia Torres Zambrano, con esa ilusión encendida inocentemente y para no excluirse del festejo, adornó su vivienda con los colores y las luces del acontecer navideño, mientras la noche se pintaba canas en el espejo de la luna. De pronto, la llama cruel incendió sus habitaciones, en un episodio diabólico que causó la muerte de una persona y el envenenamiento por gases de todos sus moradores. Hace poco se conoció, además, la muerte de un joven de la misma familia, de quien, por ejemplo, me han hablado mis nietas, estudiantes de la escuela Cristo Rey.

Una tragedia, sin duda, que a todos nos tiene alarmados y conmovidos. Seguramente, así como el escribiente, hay muchísimas personas que no conocemos a la familia acometida por la desgracia, y no hace falta conocerla para ser absolutamente solidarios. Bien, y muy bien, por las gestiones de significativo altruismo realizadas por personas conocidas de la urbe; a su llamado, mis hijos y yo acudimos con nuestro modesto aporte.

A la postre, pienso que la ayuda solidaria es un aplauso desgarrador. Pienso también en los familiares que pudieron sobrevivir al desastre y en cómo quedarán después de semejante sobresalto. Las versiones callejeras que escucho no son las mejores y, de cierto, hay un abismo delante de ellos.

Y queda, por supuesto, una gran lección: esos inocentes e inofensivos juegos de luces, a veces, como en el caso que narro a mi manera, no lo son. Merecen, de hecho, mucho más cuidado.

[email protected]

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like

¿Quién gana con ex de ambos equipos? – La Voz del Altiplano

07 de marzo de 2026 • 08:30 • 3 minutos de lectura…

5 Claves de Walter Riso para fortalecer el amor propio – La Voz del Altiplano

12 de marzo de 2026 • 08:00 • 5 minutos de lectura…

SEPELIO JUAN FILAMIR ARQUIMIDES RAMIREZ – La Voz del Altiplano

Estados Unidos e Israel atacan Irán: Explosiones en Teherán – La Voz del Altiplano

28 de febrero de 2026 • 08:39 • 4 minutos de lectura…